HECHOS SOBRENATURALES

El periespíritu es el lazo de unión entre la vida corporal y la vida espiritual: es por él, que el Espíritu encarnado está en relación continua con los Espíritus; es por él en fin que se verifican, en el hombre, fenómenos especiales que no tienen su causa primordial en la materia tangible, y que, por esta razón, parecen sobrenaturales.

  

Es en las propiedades y en la irradiación del fluido periespiritual, donde hay que buscar la causa de la doble vista o vista espiritual, que puede llamarse también vista psíquica, de la cual muchas personas están dotadas, con frecuencia con su desconocimiento, así como de la vista sonambúlica.

 

El periespíritu es el órgano sensitivo del Espíritu; es por su intermedio que el Espíritu encarnado tiene la percepción de las cosas espirituales que escapan a sus sentidos carnales. Por los órganos del cuerpo, la vista, el oído y las diversas sensaciones están localizadas y limitadas a la percepción de las cosas materiales; por el sentido espiritual, o psíquico, se generalizan; el Espíritu ve, oye y siente por todo su ser aquello que está en la esfera de irradiación de su fluido periespiritual.

 

Estos fenómenos son, en el hombre, la manifestación de la vida espiritual; es el alma que obra fuera del organismo. En la doble vista, o percepción por el sentido psíquico, no ve por los ojos del cuerpo, si bien que, con frecuencia, por costumbre, los dirija hacia el punto donde lleva su atención; ve por los ojos del alma, y la prueba de esto es que lo ve todo muy bien con los ojos cerrados, y más alIá del alcance de su rayo visual; el lee el pensamiento representado con figuras en el rayo fluídico. (1)

 

Aunque durante la vida, el Espíritu este preso al cuerpo por el periespíritu, no es de tal manera esclavo que no pueda alargar su cadena y transportarse a lo lejos, sea en la Tierra, sea a cualquier punto del espacio. El Espíritu no está unido al cuerpo sino con pesar, porque su vida normal es la libertad, mientras que la vida corporal es la del siervo apegado a la tierra. 

 

El Espíritu es, pues, feliz por abandonar su cuerpo, como el pájaro deja su jaula; aprovecha todas las ocasiones para liberarse de ella, y se aprovecha, de todos los instantes en que su presencia no es necesaria para la vida de relación. Es el fenómeno designado bajo el nombre de emancipación del alma; siempre ocurre en el sueño; todas las veces que el cuerpo descansa, y que los sentidos están inactivos, el Espíritu se desprende. (El Libro de los Espíritus, Cap. VIII)

 

En estos momentos, el Espíritu vive la vida espiritual, mientras que el cuerpo no vive sino la vida vegetativa; se encuentra en cierta manera en el estado en que se hallará después de la muerte; recorre el espacio, conversa con sus amigos y otros Espíritus libres, o encarnados como él.

 

El lazo fluídico que lo retiene al cuerpo, no está roto definitivamente sino en la muerte; la separación completa no se verifica sino por la extinción absoluta de la actividad del principio vital. En tanto el cuerpo vive, a cualquier distancia que se encuentre el Espíritu, al ser llamado, regresa el instante desde que su presencia sea necesaria; entonces retoma el curso de su vida exterior de relación. A veces, al despertar, conserva un recuerdo de sus peregrinaciones, una imagen más o menos precisa, que constituye el sueño; de él trae, en todos casos, intuiciones que le sugieren ideas y pensamientos nuevos, que justifican el proverbio: "La noche trae buenos consejos." Así también se explican ciertos fenómenos característicos del sonambulismo natural y magnético, de la catalepsia, de la letargia, del éxtasis, etc., que no son otras que manifestaciones de la vida espiritual. (2)

 

Puesto que la visión espiritual no se verifica por los ojos del cuerpo, es evidente que la percepción de las cosas no ocurre por la luz ordinaria: en efecto, la luz material está hecha para el mundo material; para el mundo espiritual existe una luz especial cuya naturaleza nos es desconocida, pero que, sin duda es una de las propiedades del fluido etéreo impresionando las percepciones visuales del alma. Hay, pues, luz material y luz espiritual. La primera tiene focos circunscriptos en los cuerpos luminosos; la segunda tiene su foco en todas partes; es la razón por la cual no hay obstáculos para la visión espiritual; no la detiene ni la distancia, ni la opacidad de la materia; la oscuridad no existe para ella. El mundo espiritual está, pues, iluminado por la luz espiritual, que tiene sus efectos propios, como el mundo material está iluminado por la luz solar.

 

El alma, envuelta por su periespíritu, lleva en sí su principio luminoso; penetrando la materia, en virtud de su esencia etérea, no hay cuerpos opacos para su vista.

 

Ella se manifiesta en diferentes grados en los Espíritus encarnados, por el fenómeno de la segunda vista, sea en el sonambulismo natural o magnético, sea en el estado de vigilia. Según el grado de poder de la facultad, se dice que la lucidez es mayor o menor.

Es con la ayuda de esta facultad que ciertas personas ven el interior del organismo y describen la causa de las enfermedades.

 

La vista espiritual suministra, pues, percepciones especiales que, al no tener por base los órganos materiales, se verifican en condiciones diferentes que la visión corporal. Por esta razón, no puede esperarse de ella efectos idénticos y experimentarla por los mismos procedimientos. Verificándose fuera del organismo tiene una agilidad que desconcierta todas las previsiones. Es necesario estudiarla en sus efectos y en sus causas, y no por asimilación con la visión ordinaria, que ella no está destinada a suplir, salvo casos excepcionales que no pueden servir de regia.

 

La visión espiritual es necesariamente incompleta y defectuosa entre los Espíritus encarnados, y, por consecuencia, esta sujeta a aberraciones. Teniendo su base en el alma misma, el estado del alma, debe influir en las percepciones que suministra. Según el grado de su desarrollo, las circunstancias y el estado moral del individuo, puede dar, sea en sueño, sea en estado de vigilia:

 

1º La percepción de ciertos hechos materiales reales, como el conocimiento de sucesos que ocurren a distancia, los detalles descriptivos de una localidad, las causas de una enfermedad, y los remedios convenientes;

 

2º La percepción de cosas igualmente reales del mundo espiritual, como la visión de los Espíritus; 

 

3º Imágenes fantásticas creadas por la imaginación, análogas a las creaciones fluídicas del pensamiento. Estas creaciones están siempre en relación con las disposiciones morales del Espíritu que las crea. Es así como el pensamiento de personas fuertemente imbuidas y preocupadas por ciertas creencias religiosas, les presenta el infierno, sus hogueras, sus torturas y sus demonios, tal cual lo imaginan: a veces, es toda una epopeya; los paganos veían el Olimpo y el Tártaro, como los cristianos veían el infierno y el paraíso. Si, al despertar, o al salir del éxtasis, esas personas conservan un recuerdo nítido de sus visiones, las toman por realidades y confirmaciones de sus creencias, mientras que todo eso es solo producto de sus pensamientos (3). Conviene, pues, hacer una elección muy rigurosa de las visiones extáticas antes de aceptarlas. El verdadero remedio contra los excesos de la credulidad en este género, es el estudio de las leyes que rigen el mundo espiritual.

 

Los sueños propiamente dichos presentan las tres naturalezas de visiones antes descriptas. A las dos primeras pertenecen los sueños proféticos, presentimientos y advertencias (4); en la tercera, es decir, en las creaciones fluídicas del pensamiento, es que puede encontrar la causa de ciertas imágenes fantásticas, que nada tienen de real con relación a la vida material, pero que tienen para el Espíritu, una realidad a veces tan viva que el cuerpo sufre el golpe y se ha visto a quienes se les ha encanecido el cabello bajo la impresión de un sueño. Estas creaciones pueden ser provocadas: por las creencias exaltadas, por todos los recuerdos retrospectivos, gustos, deseos, pasiones, miedos, remordimientos; por las preocupaciones habituales; por las necesidades del cuerpo, o un impedimento en las funciones del organismo; en fin, por otros Espíritus, con un objeto bueno o malo según su naturaleza. (5)

 

CATALEPSIA; RESURRECCIONES

 

La materia inerte es insensible; el fluido periespiritual lo es también, pero transmite la sensación al centro sensitivo que es el Espíritu. Las lesiones dolorosas del cuerpo repercuten en el Espíritu, como un choque eléctrico por medio del fluido periespiritual, del cual los nervios parecen ser los hilos conductores. Los fisiólogos lo llamaron influjo nervioso, pero al no conocer las relaciones de ese fluido con el principio espiritual no han podido explicar sus efectos.

 

Puede tener lugar una interrupción, sea por la separación de un miembro o por el seccionamiento de un nervio, pero también puede haberla en forma parcial o general y sin lesiones de por medio en los momentos de emancipación, de sobreexcitación o preocupación del Espíritu. En ese estado el Espíritu no se preocupa del cuerpo y en su actividad febril atrae hacia sí al fluido periespiritual que retirándose de la superficie produce una insensibilidad momentánea. Se podría aún admitir que, en ciertas circunstancias, se produce en el fluido periespiritual, una modificación molecular que le saca temporalmente la propiedad de transmisión. Con frecuencia, así es como en el ardor del combate, un militar no percibe que fue herido; que una persona cuya atención esta concentrada sobre un trabajo, no oye el ruido que se hace a su alrededor. Un efecto análogo, aunque más pronunciado, es el que ocurre con ciertos sonámbulos, en la letargia y en la catalepsia. Es así, en fin, que se puede explicar la insensibilidad de los convulsionarios y de ciertos mártires. (Revista Espírita, enero 1868: Estudio sobre los Aïssaouas).

 

La parálisis no tiene, de ningún modo, la misma causa; aquí el efecto es todo orgánico; son los propios nervios los hilos conductores, que ya no son aptos para la circulación fluídica; son las cuerdas del instrumento que están alteradas.

 

En ciertos estados patológicos, cuando el Espíritu no está ya en el cuerpo y el periespíritu no se adhiere a él sino en algunos puntos, el cuerpo tiene todas las apariencias de la muerte, y se dice con verdad absoluta, que la vida pende de un hilo. Este estado puede durar más o menos tiempo; incluso ciertas partes del cuerpo pueden entrar en descomposición, sin que la vida este definitivamente extinguida. Mientras el último hilo no este roto, el Espíritu puede, sea por una acción enérgica de su propia voluntad, sea por un influjo fluídico extraño igualmente poderoso, ser llamado al cuerpo. Así se explican ciertas prolongaciones de la vida contra toda probabilidad, y ciertas supuestas resurrecciones. Es la planta que vuelve a brotar a veces, sirviéndose de un solo fragmento de raíz; pero cuando las últimas moléculas del cuerpo fluídico se han desprendido del cuerpo carnal, o cuando este se halla en un estado de degradación irreparable, todo retorno a la vida es imposible. (6)

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  1. Casos de doble vista y lucidez sonambúlica relatados en la Revista Espírita: enero 1858, página 25; noviembre 1958, página 25; noviembre 1858, página 213; julio 1861, página 197; noviembre 1865, página 352.
  2. Ejemplos de letargia y catalepsia; Revista Espírita, Señora Schwabenhaus, septiembre 1858, página 255; la joven cataléptica de Suabia, enero de 1866, página 18.
  3. Es asi como puede explicarse las visiones de la hermana Elmerich, que retrayéndose a la pasión de Jesucristo, dijo haber visto cosas materiales que nunca existieron sino en los libros que ella leyó; las de la señora Cantanille (Revista Espírita, agosto 1866, página 240); y una parte las de Swedenborg.
  4. Ver más adelante, Cap. XVI Teoria de la Presciencia, números 1, 2 y 3.
  5. Revista Espírita, junio 1866, página 172; septiembre 1866, página 284; El Libro de los Espíritus, Cap. VIII, número 400.
  6. Ejemplos, Revista Espírita, El Doctor Cardon, agosto 1863, página 251; la mujer corsa, mayo 1866, página 134. Extraído del libro La Génesis (Autor: Allan Kardec).

Tomado del portal: Plenus España

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