LAS ESFERAS ESPIRITUALES

Salvador Gentile

  EL CAMPO MAGNÉTICO DE LA TIERRA

 

Para que se comience a entender la naturaleza de nuestro Planeta y la esencia de la vida que se desarrolla en él, precisamos partir de la comprensión de su estado electromagnético y de su situación en el Universo.

 

Para llegar a esa definición, André Luiz acentúa que, teniendo en cuenta los esfuerzos persistentes de muchos Espíritus sabios que se encarnaron en el mundo, patrocinándoles la evolución, la inteligencia del siglo XX comprende que la Tierra es un magneto de gigantescas proporciones, construido de fuerzas atómicas condicionadas y rodeado por esas mismas fuerzas en combinación de múltiples formas, componiendo el llamado campo electromagnético en que el Planeta, al ritmo de sus propios movimientos, se tipifica en la Inmensidad Cósmica.

 

Y esclarece que: En ese ritmo de energías en que la materia concentrada estructura el globo de nuestra morada y en que la materia en expansión le forma el clima peculiar, la vida desarrollo su agitación. (1)

 

Podemos, pues, considerar a la Tierra teniendo un núcleo de materia cósmica irradiando a su alrededor ondas que le son peculiares, en un espectro de fuerzas decreciente, partiendo del núcleo y propagándose por el espacio hasta el punto en que se debilitan tanto que dan lugar a la noción de las ondas emitidas por los astros que le son vecinos, en un punto, por tanto, en que se equilibran. Ese espacio constituye el campo magnético del Planeta.

 

Se puede tener idea de ese campo valiéndose de un imán común o de un electroimán, investigándole el campo circundante con partículas de hierro, que le sufren la atracción. Se verá que a medida que se distancia del centro, o del núcleo, ese campo pierde intensidad hasta que deja de ejercer cualquier acción sobre las partículas metálicas.

 

Se puede también, para visualizar mejor el efecto de la irradiación del núcleo, tomar el ejemplo de un campo irradiante, pero de fluido luminoso, como sería una lámpara, o cualquier luz, encendida en un ambiente oscuro, donde se ve que las partículas luminosas se extienden alrededor del foco disminuyendo de intensidad a medida que se apartan de él. Si se pudiesen iluminar las ondas que se propagan del núcleo del Planeta, la visión de su campo electromagnético sería la misma del efecto producido por el tubo luminoso.

 

Esa agitación u ondas que el iluminado Autor define con tanta claridad, en la página citada anteriormente, a la manera de lo que fue dicho antes, componen el campo magnético de la Tierra y se define por diferentes tamaños teniendo en cuenta su mayor o menor fuerza, partiendo de extensiones de ondas más largas junto al núcleo irradiante acortándose a medida que se alejan de él como se ve en el diseño de la Figura 1.

 

LA MATERIA EN EL PLANETA

 

Compréndase, que el inmenso campo electromagnético que circunda el núcleo del Planeta se constituye de su energía irradiada, en forma de ondas cuya presencia se puede sentir en las experiencias con un imán y las partículas ferrosas que son atraídas por él.

 

Aprendamos con André Luiz que: Las ondas u oscilaciones electromagnéticas son siempre de la misma sustancia, pero diferenciándose en la pauta de sus extensión o distancia, que va de la cima de una onda a la cresta de la siguiente onda en vibraciones más o menos rápidas, conforme a la ley de ritmo en que se identifica la frecuencia diversa. Y que: A falta de terminología más clara, diremos que una onda es determinada por la forma de resurrección de la energía por intermedio del elemento particular que la transporta o establece. Partiendo de semejante principio, entenderemos que la fuente primordial de cualquier irradiación es el átomo o parte de él, en agitación, emitiendo rayos u ondas que se articulan, de acuerdo con las oscilaciones que emite. (2)

 

No podemos dejar de seguir el pensamiento del generoso Instructor Espiritual a fin de que podamos con su aval, entrar en el terreno de conclusiones lógicas que nos lleven a un entendimiento mejor de lo que viene a ser nuestra materia.

 

Así pontifica él: Y el hombre, colocado en las fajas de ese inmenso dominio en que la materia cuanto más estudiada, más se revela cual feje de fuerzas en temporaria asociación, solamente distingue las ondas que le son afines con su modo de ser.

 

Y prosigue enseguida: De esta manera lo tenemos como viajero del Cosmos, respirando en un vastísimo imperio de ondas que se comportan como masa o viceversa, condicionado en sus percepciones, a la escala de progreso que ya alcanzó, progreso éste que se muestra siempre acrecentado por el patrimonio de experiencia en que se gradúa, en el campo mental que le es característico, en cuyas dimensiones revela lo que la vida ya le dio, o tiempo de evolución y aquellos que él mismo ya dio a la vida, o tiempo de esfuerzo personal en la construcción del destino. (3)

 

Por tanto, el campo electromagnético del Planeta se estructura por ondas, que le son peculiares expandiéndose del centro hacia afuera, de la misma sustancia pero de extensiones diferentes, comportándose como masa o viceversa, siendo que el hombre sólo distingue las ondas que le son afines con su modo de ser o sea, está condicionado en sus percepciones, a la escala de progreso que ya alcanzó.

 

Ahora nos resta saber cómo se da la resurrección de la energía contenida en la onda electromagnética y cuando se comporta como masa o viceversa y cuál es el elemento particular que la transporta o establece.

 

La fuerza eléctrica generada en una usina es puesta en la línea de transmisión y resurge en el motor eléctrico que se alimenta de ella transformando la energía en fuerza de movimiento.

 

La energía contenida en el núcleo de la Tierra se irradia en forma de ondas, como se dijo, y el hombre, dentro de las fajas de su percepción, la identifica a la hace resurgir en la forma de masa corpuscular a lo que designamos como siendo nuestra materia.

 

Así, la materia que identificamos en nuestro Planeta es la concentración de las partículas que forman su campo electromagnético, que pueden ser apreciadas por nuestros sentidos, o sea, son una apariencia contenida dentro de las fajas de nuestra percepción.

 

Vale la pena esclarecer, por ejemplo, que el oído humano tiene su percepción limitada a la faja de ondas sonoras que promedian entre los 35/40 ciclos a los 15.000 ciclos; y que el ojo humano cesa de ver en la extensión de onda en que se localiza el violeta, o sea, en 4/10.000 de milímetro. (4)

 

LAS ESFERAS ESPIRITUALES

 

Nuestro Planeta forma parte del Sistema Solar, quiere decir, que está inmerso en el campo de atracción del Sol, conjuntamente con los demás Planetas.

 

Su campo electromagnético se limita con los campos de los Planetas vecinos, en puntos de equilibrio de fuerzas. ¿Y que existe en ese espacio que se extiende desde el centro de la Tierra hasta los límites de su campo de irradiación?

 

Naturalmente ya dijimos que existe un campo electromagnético formado por ondas de diversas extensiones que se constituyen en la energía irradiada por el núcleo.

 

Por tanto, no es espacio vacío.

 

Según lo que nos enseñan los Espíritus, el campo está dividido en siete fajas, por encima de nuestra Superficie y dos fajas por debajo de ella que se diferencian por su extensión de onda.

 

La figura 2, que nos llegó del mundo espiritual a través de la mediúmnidad de nuestra hermana Heigorina Cunha y que forma parte del Libro CIUDAD DEL MÁS ALLÁ (5), nos muestra una representación de esa división en diversas fajas vibratorias, marcando con una estrella la localización de la ciudad NUESTRO HOGAR, en la tercera faja a partir de nuestra Corteza Terrestre.

Cada faja - o esfera - estando en una determinada frecuencia de acuerdo con la extensión de su onda, se entiende que en ellas la persona o Espíritu que se encuentre allí va a percibir, en el medio ambiente, lo que su percepción, regulada por su posición evolutiva le puede proporcionar.

 

Hablando de lo que nos está más próximo, sólo percibimos, del mundo que nos rodea, - teniendo en cuenta lo que se dice arriba -, aquello que impresiona a nuestros sentidos. No obstante sabemos, por los datos de la ciencia que existen muchas cosas y que no podemos aprenderlas aún.

 

Por eso decimos también, que nuestra materia, el mundo sensible que nos es visible y palpable, no pasa de ser apariencia, que nos es la apropiada, puesto que para los Espíritus, por ejemplo, ella no existe en la forma en que la identificamos.

 

La materia del mundo espiritual, incluso en la esfera en que vivimos, está en una faja vibratoria diferente de aquella en que se limitan nuestros sentidos, o sea, siendo los sentidos de los Espíritus libres mucho más sensibles y amplios que los nuestros, ellos captan más de lo que existe en el campo terrestre. Esto quiere decir que aunque están localizados en el mismo espacio, la energía resucitada o materia, tiene características diferentes para la percepción de los encarnados y de los desencarnados. Nuestra materia no existe para ellos; por eso pueden atravesar paredes y cualquier otro obstáculo estructurado con la materia que, se puede entender, es sólo una apariencia, en lo que nos concierne.

 

Existen dos esferas sub-costrales, por lo tanto, debajo de nuestra Superficie, correspondiendo a regiones de intensos sufrimientos y manifestaciones del mal, que corresponden a las Tinieblas y a los Abismos.

 

En la primera esfera, donde se localiza nuestra superficie, conviven encarnados y desencarnados, cada uno en su mundo aparente. Si porque también para los desencarnados la materia de su plano es aparente, aquella que su percepción puede identificar y que es diferente de la materia de la faja - o esfera - siguiente, de frecuencia diferente.

 

Se trata de una faja umbralina, conocida como Umbral Grueso, por la carga de sufrimientos y de maldad que le caracteriza la población invisible, verdadera región purgatorial, de la cual tenemos escasas noticias.

 

Su población, invisible para nosotros, actúa sobre los Espíritus encarnados imponiéndoles pesada carga de sufrimientos, interfiriendo en sus vidas, constituyendo según la definición de los propios Espíritus, un verdadero flagelo para la Humanidad encarnada.

 

*

 

La segunda esfera, que es aún difícil región umbralina, comporta muchas instituciones de asistencia a los Espíritus sufridores, entre ellas las conocidas como Moradas, que aparecen en la figura 2, distinguidas por marcas semirectangulares.

 

Por allí deambulan inmensas multitudes de Espíritus sometidos a sufrimientos pungentes pero en una fase más propicia al socorro.

 

*

 

La tercera esfera, que puede ser definida como la periferia del umbral ya tiene un clima mental más ameno y ciudades espirituales con calidad de vida superior, como se desprende de los relatos de André Luiz hablando de la Ciudad Nuestro Hogar.

 

También se dan noticias de la existencia de vastas regiones de Espíritus sufridores que inclusive intentan invadir las ciudades como las que mencionaos anteriormente.

 

*

 

En la cuarta esfera, de cuyos detalles no tenemos mayores noticias se constituye ya en una región feliz; habitan allí los Espíritus que se dedican al arte en general, a la cultura y a la ciencia.

 

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La quinta esfera fue definida por la autora de Ciudad en el Más Allá como habitada por Espíritus integrados en el Amor Fraterno Universal.

 

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En la sexta esfera habitarían los Espíritus encargados de trazar las directrices del Planeta.

 

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La séptima y última esfera está abierta para el Infinito, ,puesto que se puede vislumbrar allí el globo terrestre completo, representando la Superficie visible la última geografía de nuestro Planeta. Naturalmente allí habitan los Espíritus que vencieron todas las etapas terrestres y se están matriculando como verdaderos ciudadanos del Universo.

 

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Ya que se habló de Geografía de la Tierra, este es un asunto que importa comentar aquí, para que se entienda como se proyecta en el espacio el núcleo irradiante que forman las diversas esferas espirituales de las cuales nos ocupamos en este comentario.

 

Cada esfera tiene su superficie, o sea el terreno bajo los pies de sus habitantes, la parte sólida sobre la cual el Espíritu trabajo y vive.

 

Aparentemente el asunto es de difícil entendimiento, pues donde quiera que estuviéramos, en cualquiera de las esferas espirituales, tendremos encima de nosotros el cielo abierto y bajo nuestros pies la tierra sólida y productiva para el género de culturas que la comunidad desarrolla, como se puede verificar por las noticias que tenemos de la ciudad Nuestro Hogar.

 

Vamos por etapas. Partiendo de nuestra posición tenemos una Superficie sólida, que tiene su geografía, sus accidentes, su constitución, sus contornos, en fin, sus propias características. Imaginemos el mapa del mundo representando el diseño de nuestra superficie sólida.

 

Pues bien. ese mismo diseño del mapa se repite en la Superficie de cada esfera. La figura 3 nos diseña esa repetición para un mejor entendimiento, pues allí aparece, en cada faja, la misma geografía debiéndose destacar, que los edificios son sólo ilustrativos para confirmar la repetición.

Pero, ¿cómo puede ocurrir eso? Recordemos que el núcleo de la Tierra es un foco irradiante proyectando su energía y formando el campo electromagnético al cual ya nos referimos. Como bien acentuó André Luiz, y transcribimos antes, la sustancia de la energía es siempre la misma, cambiando solo la extensión de las ondas a través de las cuales esa energía se expande.

 

Entendiéndose eso, imaginemos un proyector cinematográfico, como se ve en la figura 4. Si tomásemos, con una pantalla, la imagen que proyecta vamos a ver que es siempre la misma, variando solo en su tamaño en razón de la ampliación que le dará la apertura del foco. En cualquier punto del foco luminoso que coloquemos la pantalla haremos esa constatación.

 

Ocurre lo mismo con la irradiación del núcleo del Planeta. En cualquier punto donde estuviésemos, o mejor, en cualquier esfera en la que nos coloquemos, vamos a ver la misma imagen, o sea, la misma geografía, como se ejemplificó en la figura 3.

 

De lo que se dijo arriba se concluye que estando en la Superficie de la séptima y última esfera, el Espíritu siente debajo de sus pies la tierra sólida, quiere decir el suelo sobre el cual se apoya, edifica, cultiva y vive.

 

De ahí la constatación inequívoca de que las esferas anteriores con todo lo que ellas contienen, están en el interior de la Tierra y que no existe vacío en el Universo.

 

Estarían, pues, formando camadas, unas sobre las otras, y podríamos tener una idea de esa superposición cortando, por ejemplo, una cebolla por la mitad donde vamos a ver sus diferentes capas o camadas dispuestas de esa forma. (fig. 5)

Así, sucesivamente, quien estuviese en la sexta esfera va a tener su apariencia de Superficie cubriendo las esferas que están debajo.

Podemos, sin mucho esfuerzo, llegar a la conclusión de que para los Espíritus que habitan de la segunda esfera para arriba, nosotros vivimos en el interior del Planeta y no pasamos de ser verdaderas lombrices pretenciosas, teniendo en cuenta la vanidad y el orgullo que imperan aquí.

 

*

 

Resta esclarecer, o intentar esclarecer, como ocurre que, teniendo cielo abierto hacia las estrellas, por encima de nuestras cabezas, estemos viviendo en el interior de la Tierra.

 

Vimos que el núcleo del Planeta irradia ondas electromagnéticas y que esas ondas, aún teniendo la misma sustancia, se diferencian por su extensión medida entre una cresta y otra de la onda y que podemos, para un mejor entendimiento, definir como la expresada en Hertz que constituye la unidad de medida de la onda de corriente alterna, también considerada de cresta a cresta.

 

Hablándose de ondas se de hablar de frecuencia y sintonía porque la extensión de la onda define su frecuencia y su resurrección, o sea, su identificación, su captación, depende de la identidad de frecuencia o sintonía.

 

Dicho esto, podemos regresar al comienzo de nuestro artículo, donde André Luiz esclarece, como está trascrito allí, todo lo que está dicho arriba y ahora.

 

La semejanza del hecho con lo que ocurre con las ondas de radio nos puede esclarecer mejor el asunto. Sabemos que determinada emisora opera en tal frecuencia y así queriendo sintonizarla llevamos el dial de nuestro receptor de radio hasta aquella frecuencia y cuando coinciden las dos frecuencias, la de la onda y la de la entrada del circuito del receptor, la emisora deseada es oída. La onda estaba en el aire, disponible y ocurriendo la sintonía con el aparato receptor, la energía inicial resurgió en el altoparlante.

 

La misma ley nos sirve para la comprensión del hecho, aparentemente inusitado, de considerarnos como viviendo en el interior de la Tierra.

 

Como quedó dicho y se puede verificar en la figura 1, las ondas electromagnéticas que forman el campo del Planeta, son de mayor extensión - por tanto de frecuencia menor -, a partir del núcleo irradiante, de suerte que son muy largas junto a él y ultracortas en el final del espectro del campo. También, cada Espíritu, como lo demuestra André Luiz en la obra ya citada (1), es un cuerpo electromagnético, que irradia ondas de determinada extensión, o en determinadas frecuencias.

 

Suponiendo el caso de un Espíritu que venga de fuera del Planeta, cuando él alcance una esfera espiritual que tenga su misma frecuencia, allí se detendrá y será este su lugar adecuado de permanencia, compatible con su estado evolutivo. Para él, por debajo de sus pies está el suelo y encima de su cabeza está el cielo: es todo lo que sus sentidos pueden percibir en aquella faja vibratoria en la que se encuentra. El campo del Planeta le aparece de ese modo, esa es la apariencia que le corresponde en vista de su posición vibratoria.

 

El mismo raciocinio vale, por ejemplo, en caso de enviar hacia otro Planeta un artefacto cualquiera compuesto con nuestra materia.

 

Ese artefacto entrará en el campo del Planeta y se irá sumergiendo hasta encontrar la faja de frecuencia con la cual sintoniza y allí se detendrá. Si tuviese, por ejemplo, cámaras fotográficas o filmadoras, estas que son compatibles con la misma frecuencia del artefacto, porque son hechas con la misma materia, registrarán la materia sintonizada

 

Esto tal vez explique la frustración en los casos de naves espaciales que mandamos hacia otros planetas. cayeron en una región del campo compatible con su naturaleza electromagnética, sin embargo, no era allí que los habitantes de aquellos astros vivían. Lo que supone, desde luego, que están en una faja vibratoria diferente de la nuestra. ¿Cómo entender esto?

 

Tenemos en nuestro Planeta una hipótesis que si bien es discutible, es probables, teniendo en cuenta lo que se discute aquí. 

 

Estamos explorando yacimientos de petróleo que están localizados a una profundidad de millares de millares de metros. Ese petróleo resulta de la transformación de la materia orgánica depositada allí por seres vivos que vivieron hace millones de años. ¿De donde había surgido esa capa de tierra tan voluminosa en el transcurso del tiempo? ¿Sería polvo cósmico que se depositó? Nadie lo sabe.

 

Pues bien, ahora que nosotros sabemos que nuestra materia no es sino una apariencia de la energía de nuestro campo electromagnético, podemos razonar sobre ese hecho.

 

Teniendo en cuenta la pérdida de energía del núcleo de nuestro Planeta, su irradiación podrá resultar en ondas más cortas, de frecuencia más elevada. Por otra parte, en el transcurso del tiempo, la Humanidad evolucionó, el estado vibratorio del hombre debe haber pasado también a una frecuencia más elevada. ¿No habrían esos dos hechos juntos despegado la apariencia de nuestra superficie de los millares y millares de metros que nos separan de los yacimientos de petróleo? Ahí está una hipótesis calcada sobre todo lo que fue dicho, para que los estudiosos interesados consideren el asunto.

 

*

 

Aún nos resta una cuestión importante para la comprensión del hecho de estar viviendo en el interior de la Tierra, como lombrices.

 

¿Cómo pasan los Espíritus de una esfera a otra? ¿Cómo se comunican esas esferas entre sí?

 

Según se desprende de las noticias que André Luiz nos da del mundo espiritual, hay, por lo menos, tres formas de pasar de una esfera a otra: las sendas de luz, los campos de salida y a través de las aguas de los océanos.

 

Las sendas de luz serían puentes hechos por los Espíritus Superiores para da paso, en casos de emergencia, de una esfera para otra, o para otras.

 

Los campos de salida son puntos en el que dos esferas vecinas se tocan. En el libro Liberación (Cap. 4), André Luiz da noticias de una ciudad espiritual localizada en uno de esos campos de salida, siendo que 1/3 de ella está en la faja de nuestra Superficie y los otros 2/3 en la faja de la primera esfera sub-costral. en el mismo libro, el mencionado encuentro del sacerdote Gregorio con su madre, se dio en las proximidades de otro campo de salida para la esfera superior.

 

Los océanos también son apariencias resultantes de la identificación del campo del Planeta y forma parte, como se dijo, de la geografía de todas las esferas. Esto quiere decir que están de una esfera a otra y consecuentemente, pueden servir de medios de ligazón, como se ve en la narrativa constante del libro Nuestro Hogar (6), cuando, en sueño, André Luiz es llevado en una embarcación, guiada por un timonero, para una esfera superior donde desembarca en un puerto. Todo indica que el transporte se hizo a través de las aguas del océano.

 

*

 

Este asunto de las Esferas Espirituales, ya fue tratado en los libros Ciudad del Más Allá y Mundo de los Espíritus (7) ambos editados por el Instituto de Difusión Espírita, para donde remitimos al lector que desee enterarse mejor del asunto.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1. Mecanismos de la Mediumnidad, Francisco Cándido Xavier, Waldo Vieira, André Luiz, FEB, 11 ava. edición, página 21.

2. Ibid, página 22.

3. Ibid, página 23.

4. Ibid, página 24.

5. Ciudad del Más Allá, Francisco Cándido Xavier, Heigorina Cunha, Espíritus André Luiz y Lucius, edición IDE.

6. Nuestro Hogar (La Vida en el Mundo Espiritual), edición FEB, Francisco Cándido Xavier, André Luiz, Cap. 36.

7. Mundo de los Espíritus, Salvador Gentile, edición IDE, Cap. IV.

 

Tomado del Anuario Espírita 1993

 

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