LAS INFLUENCIAS ESPIRITUALES

Rosalba D´Atri

 

“Quien no se prepara para conocimientos más elevados, quien no ejercita la voluntad para sobreponerse a las circunstancias de orden inferior, padecerá invariablemente la imposición del medio en el que se encuentra”.

 

Emmanuel

 

Es posible que para el lector no Espírita, resulte un tema difícil de aceptar en un momento en que pareciera que la ciencia ha llegado a límites insospechados, en cuanto al conocimiento del ser humano y a las técnicas en el área de la salud.

 

Pero es innegable, que la influencia espiritual existe, y no nos estamos refiriendo sólo a influencias espirituales negativas.

 

INFLUENCIAS POSITIVAS

 

En nuestra vida de encarnados, estamos rodeados por una serie de personas que nos aportan sus influencias positivas, las cuales recibimos para poder evolucionar en esta existencia.

 

  • En primer lugar, nuestros padres. La ciencia médica nos informa como el niño por nacer, está recibiendo ya en el claustro materno, la influencia de los sentimientos de las palabras, los sonidos y las conversaciones, que rodean a la madre en gestación.
  • Luego, las influencias que ejercen sus hermanos, los familiares más directos, sus vecinos, los buenos amigos, los maestros y profesores.

 

Todos ellos están aportando, como Espíritus encarnados y en la medida de sus posibilidades, elementos para nuestro progreso. Está en nosotros, aprovechar las buenas influencias, los buenos deseos y los conocimientos; somos nosotros, los que aprovechamos o desaprovechamos esas buenas posibilidades que nos ofrecen las bases familiares o los amigos que nos rodean.

 

De igual forma proceden los Espíritus desencarnados, es decir, aquellos Espíritus que están libres en el espacio.

 

En primer lugar, recibimos la influencia de nuestro Espíritu Protector, que es un ser superior, por lo menos a nuestro grado de evolución, en quien la Providencia ha delegado la responsabilidad de orientarnos. Es con quien debemos conectarnos diariamente, porque de él recibimos los mejores pensamientos y sugerencias. Es quien intuitivamente, nos hace recordar los compromisos asumidos al iniciar este proceso reencarnatorio, y nos orienta para llevarlos a feliz término.

 

Están también los Espíritus familiares y los desencarnados afines, tanto de esta como de anteriores reencarnaciones, que nos siguen y nos apoyan en la medida de su evolución. Porque los seres familiares y amigos, que han partido y pertenecen a nuestro mismo nivel evolutivo, no pueden hacer milagros en el mundo espiritual. Es decir, están en el mundo espiritual, en el plano que les corresponde, y de la misma forma que entre los encarnados, ayudan según sus posibilidades y en la medida que se lo permitimos, aprendiendo a percibir su presencia y a sentir su cariño.

 

Nos conectamos, entonces, con los Espíritus amigos según nuestra voluntad, porque la llave de la conciencia nos pertenece.

Así como abrimos las puertas del hogar a los seres que deseamos acoger en él, abrimos las puertas de nuestros pensamientos y sentimientos a aquellos Espíritus amigos y familiares desencarnados, a quienes deseamos darle cabida.

 

Nos van a acompañar, también con sus influencias, los Espíritus afines a nuestras actividades. Todas las actividades humanas tienen sus similares en el espacio. Desde una simple reunión de vecinos, hasta una manifestación artística del más alto nivel, todas las inquietudes del hombre tienen su correspondiente espiritual. Es decir, que en las realizaciones intelectuales, sentimentales, artísticas, laborales, económicas y filosóficas, estamos rodeados por aquellos Espíritus afines a ellas.

 

De la misma forma, en las actividades cotidianas de encarnados, nos relacionamos con personas afines con las cuales nos une la tarea en común, y profundizamos los lazos de acercamiento a partir de ella.

 

No son todos familiares, ni amigos, pero nos vamos relacionando afectivamente por afinidad, en una actividad determinada.

 

Hasta aquí hemos expuesto brevemente, cuales son las influencias positivas que en la actual encarnación vamos a ir recibiendo, desde el momento de la concepción y a lo largo de todo el desarrollo de la existencia física. Influencias positivas que nos permiten, en la medida en que sepamos aprovecharlas, encauzar nuestras condiciones naturales y encaminarnos en el sendero del progreso.

 

Y podríamos decir que estas influencias positivas, que ejercen tanto los encarnados como los desencarnados, no necesitamos estudiarlas, pues, sobre todo las influencias espirituales positivas, las reconocemos intuitivamente, por esa secreta alegría, esa íntima emoción que nos embarga cuando una buena acción o un pensamiento elevado nos hace superar por un instante nuestra condición de seres imperfectos.  

 

INFLUENCIAS NEGATIVAS

 

El conocimiento de la Ley de Afinidad Universal, que es una de las leyes de cumplimiento más sutil e inconsciente, nos permite comprender que, aún normalmente, toda persona tiene a lo largo del día, una gran variedad de Espíritus a su alrededor.

 

De ahí que, reconociendo la realidad de las influencias espirituales, y habiendo analizado las positivas que tenemos a nuestro alrededor, convengamos en que lo que es realmente necesario es el conocimiento y profundización de las influencias negativas. Es decir, las que sobre nosotros van a tener aquellos Espíritus encarnados o desencarnados, que se acerquen por afinidad en nuestros errores.  

 

Y es justamente, la dificultad en reconocer los aspectos negativos de nuestra conducta, el primer escollo serio en el estudio de las influencias negativas. No es fácil aceptar que son nuestras deficiencias morales y las tendencias erróneas que se manifiestan en nuestra conducta, las que nos asocian a actitudes, pensamientos o actos que evidencian una influencia espiritual negativa.

 

Los diversos matices que tienen estas influencias, es otra dificultad que se presenta, pues no siempre estamos preparados para descubrirlas.

 

A lo largo del día, en las actividades dentro del hogar, en los lugares de trabajo o en las realizaciones comunitarias, adoptamos una serie de conductas que tienden a disculpar, explicar o justificar actitudes que nos pertenecen: mal humor, impaciencia, falta de tolerancia e incomprensión, que se manifiestan de distintas formas; y es muy común achacar estos arrebatos a situaciones tales como, el estado de humor de la familia o desperfectos mecánicos que hemos sufrido, situaciones difíciles con compañeros de trabajo o superiores jerárquicos, el tiempo, etc., como factores que pueden llegar a determinar nuestros procederes.

 

Analizando seriamente las excusas que damos, frente a una irritación descontrolada, a una respuesta destemplada o a una actitud fuera tono, debemos aceptar que en casi todos los casos pudimos controlarnos y no lo hicimos, ya sea por comodidad, por dejar hacer o porque “somos así”, “es mi forma de ser”, que es la disculpa más común que esgrimimos en nuestro favor.

 

CLASIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS DE LA PERSONALIDAD

 

Reconociéndonos como seres imperfectos, que tenemos, a lo largo de las jornadas evolutivas, distintos grados de perturbación en los procederes, vamos a intentar una clasificación de los fenómenos de la personalidad de acuerdo a su grado de afinidad y partiendo de la que realiza Allan Kardec, establecemos tres grados: obsesión simple, fascinación y subyugación.

 

Pero vamos a completar esta clasificación, con otra realizada por el Dr. Bernard Drubich, en la cual propone como afinidad de primer grado a la personalidad normal, de segundo grado a la sugestión, de tercer grado a la pre-obsesión y de cuarto grado a la obsesión absoluta.

 

Este mismo autor establece, que personalidad normal, es aquella en que la persona se comporta de acuerdo a las normas éticas y de costumbres del lugar y tiempo que le toca vivir. Y esta personalidad normal, aún con mediumnidad, tiene mecanismos de defensa que están constituidos por:

  • El juicio crítico;
  • La estabilidad emocional y mental;
  • El uso ordenado de las fuerzas espirituales;
  • Las fuerzas fluídicas propias, y
  • El amparo espiritual.   

 

INFLUENCIAS ESPIRITUALES EN LA PERSONALIDAD NORMAL

 

Hemos dicho que por la Ley de Afinidad, los Espíritus desencarnados pueden acercarse a seres con similares virtudes o defectos e influenciar sus pensamientos, y que eso es lo que permitía que una persona normal tuviera una gran variedad de Espíritus a su alrededor.  

 

Y es ahí donde se debe hacer hincapié en un hecho que nos interesa fundamentalmente, como es el de la realidad del mundo espiritual. Estos Espíritus imperfectos, que nos rodean en los momentos de desequilibrio o se afinizan con nuestras conductas erróneas, no son ni más ni menos que las almas de los hombres que han vivido en la Tierra.

 

Es decir, que de la mima forma que, como encarnados, acostumbramos a evaluar las actitudes de los que nos rodean y tratamos de tener aquellas compañías que nos favorezcan, el conocimiento de la vida espiritual y el hecho que cada uno al desencarnar, pasa al mundo espiritual con su caudal de virtudes y defectos, es lo que nos hará analizar que los que se nos acercan son Espíritus virtuosos o imperfectos, como nosotros.

 

PERO NO SON ESPÍRITUS SATÁNICOS, NI DETERMINADOS AL MAL

 

Como bien lo explica Kardec en “El Libro de los Espíritus”, cuando habla de la “Influencia oculta de los Espíritus en nuestros pensamientos y actos”, preguntas 459 a 472, podemos alejarnos de las influencias de los Espíritus inferiores, a través de la práctica del bien y poniendo toda nuestra confianza en Dios, teniendo en cuenta que estos Espíritus sólo se apegan a quienes los atraen con pensamientos similares.

 

A ningún Espíritu le es dada la tarea de practicar el mal y, si lo hacen, no es porque están determinados a ello, pues corresponde a cada uno, con la práctica del bien y el constante control de los pensamientos, evadir esta influencia, ejerciendo a la vez una acción educativa y ejemplarizante sobre hermanos desencarnados que, por ignorancia, persisten en actitudes equivocadas.

 

Otro aspecto de interés, con relación a las influencias espirituales en la personalidad normal, es el relacionado con la mediumnidad.

 

Podría parecer, para el estudioso desapercibido o el lector desprevenido de las obras de Kardec, que la influencia espiritual solamente podría tener lugar en los médiums o a través del ejercicio de la mediumnidad, y en ese sentido es necesario remitirnos a la diferencia que realiza Allan Kardec en “La Génesis”, entre una incorporación en el acto mediúmnico y una obsesión de grado extremo.

 

En el primer caso, el médium cede voluntariamente y en forma transitoria su cuerpo físico al Espíritu comunicante, quien se mantiene a su lado, controlando mentalmente lo que dice, a tal punto que un médium bien desarrollado, nunca va a permitir la exteriorización de palabras obscenas, expresiones groseras o ademanes fuera de lo común, como tirarse al suelo, pararse en forma que no corresponde, etc.

 

En la obsesión grave, vulgarmente llamada posesión, hay sí, la incorporación de un Espíritu, con una diferencia: el dueño del cuerpo no lo puede gobernar. Y eso se debe a que el Espíritu ha sido atraído por el encarnado, quien se ha sentido a gusto con él, con su presencia, su cercanía y se han afinizado porque tenían los mismos rasgos negativos en profundidad y no los combatieron.

 

Lo que se debe tener en cuenta, es que la posesión  entendida como adueñarse de un cuerpo por un espíritu satánico, no existe

 

En un acto mediúmnico, el médium desarrollado realiza un intercambio de buena fe con el Espíritu comunicante, en una acción consensuada y le cede transitoriamente su organismo, controlando sus actos y palabras.

 

En la obsesión grave, existe también la presencia de un Espíritu, pero sin el freno de la valoración ética del sensitivo inducido, y en este caso, la permisividad está derivada de la similitud de aspectos negativos, entre el Espíritu obsesor y el individuo, el enfermo obsesado.

 

En síntesis, una vez más afirmamos, que no existen Espíritus satánicos, desde el momento que no existen Espíritus determinados al mal.

 

Existen sí, Espíritus de escasa evolución moral; existen, Espíritus que desencarnan y quedan en el espacio con un profundo sentimiento de rencor, del cual nace el sentimiento de venganza; existe, el deseo de cobrar viejas deudas; existe, ignorancia por parte de los encarnados y desencarnados con respecto al fin, el objetivo de la vida y de como se produce la evolución a través de las diversas experiencias; existe, fundamentalmente en nosotros, defectos y errores de conducta que nos llevan a provocar estas perturbaciones.

 

Mientras no lleguemos a controlar la envidia, los celos, los rencores, la intolerancia, el egoísmo y el orgullo, vamos a estar supeditados a las influencias espirituales negativas.

 

Estos defectos derivados de nuestras imperfecciones, a los que podríamos encuadrar dentro de las auto-perturbaciones, son las puertas que dan paso a esos Espíritus afines.

 

La falta de control nos lleva a profundizar ese intercambio, e iremos pasando por las sucesivas fases de los problemas de la personalidad que ya hemos señalado.

 

 

Traducido del portugués por: Oscar Cervantes Velásquez

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