VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Conferencia dada por Divaldo P. Franco, en la ciudad de Terrassa

Queridos hermanos en el ideal Espírita:

  

Nuestros votos de mucha Paz, os ruego perdón por no hablar con la necesaria belleza y corrección vuestro idioma castellano, sin embargo todo haré para que nos entendamos y además tengo la seguridad de hablar el idioma internacional del Amor, y por intermedio de ello encontraremos un punto de apoyo y de fácil comprensión.

  

La primera tarea y la más importante de la filosofía, es la tarea de interpretar el enigma de la criatura humana, para poder intentar entender quién es la criatura humana, es que surgió verdaderamente la filosofía. La propuesta filosófica, por más curioso que se presente, trajo como finalidad esencial descubrir qué es la muerte, para poder entender así, cuál es el significado de la vida. Para que la vida tuviera un sentido, era necesario que se descubriera ¿qué sucede después de la muerte corporal? ¿Qué ocurre con la criatura cuando el oxígeno no atiende ya las necesidades cerebrales?. Y gracias a ello surgió la filosofía.

  

Para entender qué era la muerte, la filosofía estableció los cánones de la realidad de la vida, proponiendo las bases fundamentales de la ética. Los primeros filósofos, llamados presocráticos de occidente, establecieron que la vida tenía un sentido, tenía un significado y este sentido de la vida era la continuación de la vida después de la muerte. Sócrates, Platón, Aristóteles los llamados padres de la filosofía ética de los siglos tercero y segundo a. C., establecieron como fundamento esencial, que la criatura no es solamente el cuerpo, su cuerpo es una manifestación exterior de una realidad imperecedera, que es el alma. Platón afirmaba que el cuerpo es el no ser, porque está en permanente cambio, a cada momento cambia de estructura hasta el instante que por el fenómeno biológico de la transformación molecular, se disgrega, desaparece, pero el ser permanece.

  

La dualidad platónica era el Espíritu y la materia, el ser y el no ser simultáneamente. En la propia Grecia y posteriormente en Roma otros filósofos, establecieron que la criatura humana, por todo lo que hay en el Universo, es el resultado de fenómenos automatistas y que estos fenómenos se reúnen y se disgregan en las manifestaciones de vida y manifestaciones de muerte.

  

Leucipo, Lucrecio, Demócrito, establecieron que hay tres elementos esenciales en el Universo, que son las bases fundamentales de la vida, cuando estos elementos se unen, se presenta la vida y la forma, cuando uno de ellos o los tres se presentan cambiados, ya desaparece la forma, la realidad muere, por lo tanto para ellos la vida no puede seguir; el sentido de la vida para Leucipo, Lucrecio y Demócrito era el placer. La criatura humana debería experimentar el placer, y han propuesto la doctrina hedonista, la doctrina de la belleza y de los goces, porque ellos afirmaron que la criatura humana era el resultado de los átomos, del movimiento, del vacío y cuando este vacío producía un cambio, el movimiento desaparecía y los átomos se separaban.

  

Fue con Jesucristo en Oriente, que la teoría de Sócrates y Platón recibió el más admirable apoyo. Porque antes de Jesús, los profetas de Israel afirmaron que hay una vida antes de la vida, y hay una vida después de la vida. En la India, Japón, China, Egipto, y todas las grandes culturas y civilizaciones de la antigüedad, la creencia en la inmortalidad del alma era la base de la religión y posteriormente de la filosofía.

  

Con Jesucristo, esta realidad se hizo palpable porque su venida a la tierra fue anunciada por los profetas antiguos; y mientras Él estuvo con nosotros, los seres espirituales se manifestaron, estableciéndose cerca de los nuestros, buenos y malos. Hay un momento en la vida suya, que estando en el monte Tabor, se transfigura delante de los grandes padres de Israel, Moisés y Elías que han vuelto de la tumba para demostrar la supervivencia del alma. Y a la vez los seres aturdidos, perturbados, obsesores, también se presentaron muchísimas veces, dialogando con Él por intermedio de los obsesos, de aquellos que eran portadores de determinadas manifestaciones de locura. El obseso de Gadara un muchacho que tenía crisis epilépticas gracias a la presencia de un ser espiritual; una mujer que sufría enfermedades orgánicas y que Él la rehabilita de la intimidad de su alma loca. Después de la muerte de Jesús, los fenómenos prosiguen porque Él retorna para demostrar la inmortalidad del alma; se presenta a Saulo, antes se había presentado a sus amigos delante de María de Magdala y del cenáculo en la Galilea, y en la montaña de Betania de donde se despide de la Humanidad.

  

Pero en la historia innumerables veces a vuelto y se ha presentado, por ejemplo, a Francisco de Asís, a Teresa de Ávila, y a tantos otros seres que posteriormente fueron considerados santos y a otros que no tenían vinculación religiosa y que también se encontraron con Él.

  

Sin embargo fue durante el llamado período de la escuela neoplatónica de Alejandría de los siglos XII y medio hasta el siglo IV y medio (a.C.), que la inmortalidad del alma adquiere un sentido más profundo, un significado más trascendental cuando hombres y mujeres extraordinarios se presentan para señalar el renacimiento de la filosofía; La filosofía isocrática estaba retenida en las escuelas del pensamiento griego y ahora hombres de África ya habían adherido el pensamiento cristiano deseando restablecer este contenido. Con Orígenes por ejemplo, considerado uno de los padres de la iglesia primitiva y que aceptaba la llamada organización patrística, establecieron la filosofía cristiana, Orígenes que ha regalado a la humanidad una doctrina extraordinaria llamada de los principios, se fundamenta en la inmortalidad del alma y más que eso en la reencarnación.

  

Tertuliano que presenta la apologética; una doctrina fundamentada en los renacimientos del alma y repetidas experiencias para subir los peldaños de la evolución.

  

 San Agustín que era maniqueísta, era discípulo de una doctrina babilónica; en Roma escucha una voz que le dice que es necesario ir a la iglesia para oír la predicación de San Ambrosio y allí se convierte al pensamiento cristiano; sus confesiones son una obra de autopsicoanálisis. Si nosotros continuamos con estos hombres extraordinarios de la patrística; vamos a encontrar a Eusebio, Rocos, Jamblico como los padres de un pensamiento filosófico que hasta hoy es perfectamente actual, después de pasar 1700 años, todo ello de observación y estudio del comportamiento humano.

  

Y en el período medieval esta realidad se cambió completamente con la ignorancia, la gran noche cayó sobre la tierra y una doctrina fue impuesta a hierro y a fuego a la Humanidad ; no era necesario razonar, bastaba creer y en este largo período de indolencia, la inmortalidad del alma permaneció como una Imposición cultural, biológica, sin bases ni fundamentos. Había una política religiosa de dominación y aquellos que estaban en desacuerdo con esta política pagaban la osadía con la propia vida, sin embargo la misericordia de Dios siempre se ha manifestado, aquí, allí, en todas partes y se presentó a seres que habían habilitado un cambio; vino Juana de Arco, vino Francisco de Asís, Antonio de Padua, que afirmaban el contacto que tenían con los seres inmortales.

 

A partir del siglo XVII, comienza el llamado racionalismo empírico, cuando las personas comienzan a razonar, abandonando la preocupación religiosa. El primer movimiento es de negación, porque después de una dictadura, cuando viene la libertad, ocurre que no se sabe hacer buen uso de ella y se transforma en libertinaje; después de un largo período de tinieblas cuando llega la claridad las personas pierden la visión, disminuida delante de tanta luz.

 

Y el primer movimiento filosófico es de negación, resurge el pensamiento dialéctico de aquellos que afirmaban que la materia es la base de la vida, el siglo XVII regala a la Humanidad los más notables pensadores hasta entonces conocidos, porque es desde este momento que la Humanidad mantiene contacto con la personalidad de Descartes, el viene a afirmar la realidad ultrapersonal de la vida. La ciencia comienza a salir de la intimidad de nosotros, la filosofía se atreve a decir que el hombre no fue hecho a la imagen y semejanza de Dios y que Dios es un ser que no puede estar limitado en la forma, que hay sí, un Dios hecho por los hombres y no hombres hechos por Dios.

 

En el Siglo XVIII, Voltaire el gran padre de la enciclopedia tuvo la oportunidad de decir: "¡No!, yo no creo en el Dios que los hombres hicieron, sin embargo yo creo en el Dios que hizo a los hombres". Había un cambio filosófico, fue considerado ateo porque no era católico, era librepensador, tenía un concepto muy especial de la divinidad, pero no la divinidad que pertenecía a la tierra, que estaba bajo el comando de hombres como él, sino un concepto del Universo de un Creador, de una realidad de las galaxias.

 

El siglo XIX, manda a la Humanidad, después de la revolución francesa, la libertad de pensamiento, libertad, igualdad, fraternidad; palabras maravillosas que aún hoy no son oídas ni respetadas, sin embargo años después, abrieron una brecha en el bloque dominador de la intolerancia religiosa y las criaturas comenzaron a investigar, es el período de la investigación científica y exactamente en este momento ocurre un fenómeno que parece una parado­ja, es cuando las criaturas dicen: ¡No!, no hay Dios. El alma no es inmortal. Los científicos afirman: «Hemos investigado los cadáveres y no encontramos el alma», parece una afirmación muy científica pero es una afirmación muy estúpida, porque si han investigado el cadáver es porque el alma ya no está en él, si el alma estuviera no se encontrarían cadaverizados, pero la técnica que precede, viene a forjar grandes filósofos franceses, que afirmaron que el alma debería esperar por el bisturí de la investigación.

 

Mientras tanto, cuando eso ocurre, fenómenos peculiares, que son la atención de otros científicos y entre estos se encuentra el profesor Rivail, este hombre extraordinario discípulo de Pestalozzi, va a investigar los fenómenos de las mesas que se mueven; y constata que aquellas mesas que no tienen nervios ni cerebro pueden pensar, pero ¿cómo piensan?, si la facultad de pensar es atribuida al cerebro humano. Y en un momento que tiene la oportunidad de verlas, un martes del mes de Mayo de 1855, pregunta:

 

- ¿Cómo puedes contestar razonablemente a preguntas si no tienes cerebro?

 

Y la mesa por intermedio de señales le dice:

 

- ¡No!, no es la mesa que piensa, somos nosotros, las almas de las criaturas humanas que hemos vivido en la tierra.

 

El profesor Rivail tiene una sorpresa porque para él que era dialéctico, era un librepensador, la muerte quitaba la vida; ¿cómo podrían venir del más allá aquellos seres que se consideraban muertos y que razonaban? Volvió a la investigación.

 

Mientras el curioso fenómeno era para muchos motivo de diversión, él descubre que hay alguna cosa más seria bajo este fenómeno; y se propone investigarlo, y lo hace, lo hace con criterio científico eliminando todas las probabilidades que podrían resultar un engaño, un fraude e investiga, averigua y descubre que hay una ley universal de comunicación.

 

Rivail va a la residencia de la señora Plainemaison; a la residencia de un amigo Welquer, un amigo corso a quien quería mucho, el señor Carlotti; va a la residencia del señor Baudin y las respuestas son las mismas por medio de personas diferentes, de niñas de 14 y 15 años, incultas, porque en el siglo XIX, durante la segunda mitad, era casi prohibido a las mujeres leer, adquirir cultura y las chicas de 14, 15 y 16 años, fueron instrumentos de una revelación extraordinariamente lógica.

 

El profesor Rivail va investigando, cuando el señor Baudin le dice que tiene 58 cuadernos de apuntes de experiencias hechas en la Isla Martinica; cuando sus dos hijas, las pequeñas Baudin, eran los instrumentos, las intermediarias de las comunicaciones espirituales. El profesor Rivail examina los cuadernos, constata la legitimidad de las informaciones: de ética, de lógica, de filosofía y algunas manifestaciones de cultura científica.

 

En una de estas oportunidades, recibe un mensaje muy interesante, en el cual un espíritu que se firma Zéfiro, le dice, que fueron amigos desde muchos siglos antes, cuando Francia era las Galias. Él, el profesor Rivail, era un instructor galés que se llamaba Allan Kardec y en aquel entonces adoraba al dios de los druidas, el dios de la fraternidad; era vegetariano, era reencarnacionista. Al profesor Rivail le parece esto muy interesante, observa los puntos de información y examina las afinidades íntimas y después se propone divulgar la filosofía de estas experiencias. Comienza a pensar en mantenerse anónimo porque era un hombre muy conocido, había publicado innumerables obras de pedagogía, había escrito una obra de teatro, había recibido un homenaje en la Universidad de Arras, había presentado una obra didáctica de la divulgación de las irregularidades de los verbos franceses, que son los más difíciles de las lenguas latinas; y entonces, frente a esto, él adopta el pseudónimo de Allan Kardec y publica la primera obra revolucionaria de la nueva filosofía "El Libro de los Espíritus" que es una obra de filosofía dialéctica y lógica racional, porque tiene como fundamento esencial todo aquello que la filosofía negaba; Dios, la inmortalidad del alma, la justicia divina, y explicando quien es el ser, de dónde viene, para dónde marcha, porque sufre, cuál es la finalidad de la vida en la tierra, cambia completamente la estructura ideológica de la Humanidad.

 

La primera cuestión de este libro es tan fundamental y es tan admirable que sorprende, hasta hoy, a teólogos y estudiosos de la filosofía religiosa, porque no han logrado aclararlo. Ustedes observen que antes de Allan Kardec, la filosofía, la teología, la teleología siempre han preguntado: ¿Quién es Dios’?.

 

Y en la pregunta ya estaba la respuesta, porque ¿Quién es el hombre? ¿Qué? Y cuando se decía ¿Quién es Dios? ¡Ah! Es el padre, un ancianito que está cansado desde que construyó la tierra, se cansó y esta allí descansando un poco, un rato y tal.

 

Allan Kardec pregunta: ¿Qué es Dios?

 

Es una pregunta directa, filosófica y lógica; y la contestación que le dan los Espíritus, es la más extraordinaria porque define sin limitar y la cosa más difícil en filosofía es definir sin limitar, porque toda vez que definimos limitamos; esto es un libro, dentro de la cabeza, por lo tanto, ya tenemos la idea de lo que es un libro; esto es una botella, inmediatamente limitamos el contenido dentro del contenedor.

 

Y los Espíritus definen a Dios sin limitarlo: Dios es la causa primera del Universo, la inteligencia suprema.  

 

Observen que, con esta definición lo mantiene ilimitado, inconocible, sin origen porque está dando una idea del infinito; la inteligencia suprema y la causa primera no le da una definición antropomórfica humana: en la cual estén las características humanas, y Allan Kardec les pregunta:

 

- ¿Qué prueba se puede pedir de la existencia de Dios?

 

Y los Espíritus responden con una filosofía dialéctica sencilla y profunda: porque todo lo simple es muy profundo  y todo lo complicado es muy superficial. Cuando la persona no sabe nada, es complicadísima para no decir nada y cuando sabe mucho tiene que hablar muy fácilmente para decirlo todo.

 

Los Espíritus contestan:

 

- Se tiene la prueba de la existencia de Dios, en un axioma que aplicáis a vuestra ciencia, todo efecto procede de una causa, es lógico por lo tanto, que todo aquello que el hombre no hizo, Dios lo hizo. Si todo lo que hay alguien lo hizo, aquello que no fue hecho por nosotros alguien o alguna cosa lo hizo. Es la Causa Primera.

 

Dense cuenta ustedes que hace 170 años, ya se había pensado en una gran solución en la física. Muy recientemente uno de los padres de la física Davisson, tuvo el coraje de declarar: Yo creo que hay una causa encausada, yo creo que hay en el universo dos realidades: un orden implícito y un orden explícito. El orden implícito es la causa. El orden explicito es el efecto. Y si alguien me pregunta: ¿Quién hizo al orden implícito?. Yo diré, un orden superimplicito. Y ¿Quién lo hizo a él?. Un orden supersuperimplícito hasta el infinito. Era una forma de uno de los padres de la física quántica nuclear, definir a Dios sin Iimitarlo. Los Espíritus han dicho la misma cosas y surge la ciencia Espírita.

 

"El Libro de los Espíritus" es un tratado de filosofía que contiene todas las ramas del conocimiento y de allí sale el "Libro de los Médiums", "La Génesis", como parte fundamental de la razón científica, de allí nace la ética moral del "Evangelio según el Espiritismo" y toda la propuesta doctrinaria del Espiritismo es revolucionaria.

 

Sin embargo, inmediatamente, hay una revolución cultural y el mate­rialismo se presenta para decir que la muerte quita la vida: los investigadores de la fisiología, de la psiquiatría, afirman que en el momento de la anoxia cerebral, la falta de oxigenación de las neuronas, en este momento se mueren las neuronas, se muere la vida, se acaba el alma. Y sería como decir: que el alma es el sudor del cerebro, como la bilis es una manifestación del hígado; cuando se muere el hígado se muere la bilis, cuando se acaba el cerebro se acabaría el alma.

 

Mientras tanto a partir de 1895, hay una revolución en la propia historia de la fisiología y surge la psiquiatría y el psicoanálisis de Freud, posteriormente de Jung, y más tarde un desdoblamiento más amplio y más profundo cuando por el año 1950, un psicólogo italiano que era materialista Assagioli dice: Yo pertenezco a la escuela de psicología cerebrógica, cuando muere el cerebro se muere el ser, sin embargo yo soy católico y creo en la inmortalidad del alma, estoy en un conflicto. ¿Cómo puedo, como cristiano creer en la inmortalidad del alma y cómo psicólogo no creer en la inmortalidad del alma?. He estudiado profundamente la psicología desde el punto de vista espiritua­lista. Él propone una totalidad nueva en la psicología, la psicosíntesis y al presentar la psicosíntesis abre un espacio espiritualista para la psicología. Acordémonos que en 1950 ya nos encontramos en el advenimiento de la parapsicología.

 

La parapsicología a detectado fenómenos muy curiosos y el primero fue que nosotros somos portadores de un sexto sentido, la propuesta antigua de Charles Richet, tenemos un sexto sentido que puede transmitir el pensamiento de una a otra persona por métodos no convencionales; la telepatía que era considerada como una burla, un fraude, una prestidigitación, pasó a ser una cuestión científica de laboratorio y además, descubierta la telepatía, los parapsicólogos confirmaron que la criatura puede ver sin la necesidad de los ojos. La clarividencia era un fenómeno comprobado en el laboratorio y más que eso, la persona podría ver el pasado y detectar el porvenir. La retrocognición y la precognición, el conocimiento del pasado y el conocimiento del futuro.

 

En 1948, un parapsicólogo indiano Hamendra Nat Banerjee, afirma que hay vida antes de la vida y hay vida después de la vida, y que el ser vuelve a reencarnarse. Sus experiencias en la India, en la ciudad de Rajasthan, demuestran que somos herederos de experiencias pasadas. Yo soy aquello que hice de mí y muchas experiencias anteriores, yo seré aquello que haga de mí en mis próximas experiencias.

 

El doctor Banerjee viene de una corriente psicológica parapsicóloga y afirma lo que dice la ciencia Espírita que él no conocía, afirmaba el contenido del Espiritismo. A partir de 1950 allí está la revolución de Assagiohi; y pasado algún tiempo comienza una revolución más profunda.

 

En el año 1957, aparece un libro muy especial en el mundo y es un bestseller "El caso de Bridey Murphy". La historia de una chica que va a su dentista, su odontólogo y allí como tiene pavor al motor, se deja hipnotizar, y su odontólogo Bernstain después de hipnotizarla, la hace regresar a los veinte años y regresa a los diez años, y regresa a los cinco años y va regresando su memoria, a períodos pasados. Ahora tú eres una niña que acaba de nacer y ella tuvo la forma y llora. Ahora tu estás en la intimidad del vientre materno y ella dice que oye lo que piensa la madre, oye las discusiones de la madre con el padre, oye las canciones que están tocando y ella repite estas canciones cuando tenía meses en la vida intrauterina. Y él, por broma, le dice entonces: regresa a doscientos años y ella cambia de postura y dice un nombre, que es Bridey Murphy. Yo estoy en un lugar de Irlanda que se llama Cork. Eso le sorprendió a él que era materialista, esperaba que haciéndola retroceder, iba a decir que no había nada, que estaba en la oscuridad.

 

Y ahora les voy a contar una historia muy peculiar que es la causa del libro: él repite las experiencias cincuenta veces, y graba y después comienza a investigar y se da cuenta que no existe este lugar en Irlanda, no consigue detectar este lugar, y escribe al Museo Británico de Historia Natural. Después de meses recibe un informe, que hubo un lugar que era un puesto de cambio de caballos de correos llamado Cork. Él hace ahora la comparación de las palabras, de las costumbres, y el museo confirma, que hay puntos relevantes, y publica el libro. El libro recoge el mundo como la historia de "El caso de Bridey Murphy".

 

En la década siguiente 1960, otro psicólogo, que ahora está investigando la realidad de la vida después de la vida, confirma que en el momento de la muerte cerebral la conciencia no muere. Es un hombre admirable, porque como psicólogo tiene el valor de afirmar que la muerte de la conciencia es imposible y publica el libro "Vida después de la vida", examinando pacientes que tuvieron muerte clínica, que tuvieron muerte cerebral, que fueron víctimas de accidentes, de procesos quirúrgicos, todos ellos afirman que mientras el cuerpo está sin razonar ellos están fuera del cuerpo razonando. Y el doctor Moody junior presenta el libro y abre espacio ahora a un número inconmensurable de psicólogos, de psiquiatras, de psicoterapeutas que van a investigar esta realidad y afirman al unísono "Hay vida después de la vida".

 

La muerte es la etapa final, escribe la doctora Kübler Ross, del fenómeno biológico, pero no de la vida; ella parte a la vida espiritual, mientras el cuerpo está con el cerebro muerto, llega a la vida después que el cuerpo está en proceso de descomposición cadavérica y constata que la vida es una realidad transpersonal y viene a afirmar que la vida tiene un sentido. Después de una larga labor, propone una nueva psicología, la psicología con alma, una psicología espiritualista, llamada de cuarta fuerza o psicología transpersonal, y que la vida es un fenómeno indestructible. Nadie se muere, ni nada, todo se transforma, hay un proceso automático de evolución, de transformación, de crecimiento hacia el infinito, la realidad de la vida después de la vida en el gabinete de la psicología, en el gabinete de la psiquiatría, en el gabinete del psicoanálisis y de la parapsicología, todas estas experiencias frías de laboratorio, afirman que somos seres espirituales, la materia es la condensación de la energía, y cuando hay el proceso de la desencarnación, esta energía se disgrega, la materia se descompone, se transforma y el ser permanece. Hay entonces una certeza incontestable.

 

Yo tuve el gran placer de conocer al doctor Raymond Moody Jr, hace dos años en Puerto Rico, en San Juan, en un congreso en el que habló de sus experiencias, (ahora ya con veinticinco años de investigación continuada), nos decía a todos en el congreso, como científico, era Phd en psiquiatría, Phd en psicología, es profesor de clínica general y creó un laboratorio para probar la inmortalidad del alma. Descubrió en su investigación psicológica filosófica, que los metales, el aguaparada, los cristales y las tiznas de aguaparada le permitían la fijación del pensamiento para la clarividencia, y entonces él empezó a imaginar, "si yo consiguiera construir una sala de espejos para que la persona se mirara y creara un estado de autohipnosis, quizás repitiera las experiencias de las pitonisas, las de los brujos medievales, las de los médiums espiritistas". Y tanto trabajó que consiguió crear en la Universidad en donde enseña, una sala para las comunicaciones

 

y nos contó unas experiencias muy curiosas. El dijo: yo creo en la comunicación espiritual, pero no es una cuestión de creer, yo sé que esto es un fenómeno innegable, no tengo ninguna vinculación filosófica, ni religiosa, es una investigación científica. He pasado por la ley de las probabilidades matemáticas eliminando todo aquello que me llevaría a una negación.

 

Les voy a contar una experiencia muy curiosa que tuvo. Estaba un día en su gabinete de investigación cuando resolvió evocar a su abuela materna, sentía añoranza de ella, era una señora muy bondadosa y querida, de súbito le vino a la cabeza invitarla a que se presentara en la sala de los espejos; entonces él la invocó, la evocó, la llamó con el nombre que tenía en la tierra. Con los ojos abiertos, de pronto vio entrar, no a la abuela materna, sino a la abuela paterna, y de inmediato tuvo una reacción, porque no le gustaba la abuela paterna. Cuando la abuela paterna llegó, él dijo:

 

— ¿Por qué ha venido usted y no mi abuelita, la otra?.

Ella dijo: Mira Raymond, hoy nosotros vamos a arreglar nuestros destinos y vamos hacer nuestra paz. ¿Por qué yo no te gusto?

 

— Usted no me gusta, abuela, porque durante toda su vida, fue una mujer insoportable; en veinticinco años nosotros no tuvimos Nochebuena, porque cada vez que llegaba la Navidad, usted llamaba a mi papá por teléfono y decía: "Ven, es mi última Navidad, yo voy a morirme", y no se moría nunca. Pasaba la Navidad y usted continuaba viviendo y nosotros no teníamos otra cosa que hacer, teníamos que estar con usted, una señora siempre enferma que no se moría nunca. Porque la gente que tiene enfermedad todo el día no se muere, los sanos de súbito se mueren, pero aquellos que están despidiéndose, no se mueren nunca; matan a toda la familia, la familia se muere y ellos continúan viviendo maravillosamente. Y entonces usted no se moría, por eso la detestaba, 25 años duró el chantaje que usted nos hacía.

 

— Como yo ya sabía que ustedes no venían con gusto, decía eso para que se quedaran con remordimiento, con proceso de culpa.

 

Y entonces charlé con ella por más de una hora, hasta que me sentí cansado, y le dije:

 

— ¡Abuela! Ya hicimos las paces, todo bien. Vete, déjame tranquilo para que no comience ahora otra enemistad, ¡porque hemos estado charlando tanto!.

 

Y entonces este científico, frío, diciendo eso para casi 1000 personas, filmado y grabado, decía, sin ninguna propuesta ético-moral, es un dato como el oxígeno e hidrógeno que en proporciones adecuadas, es agua, una experiencia de laboratorio. Cualquier persona que va a mi laboratorio puede entrar en contacto con los llamados muertos, porque la muerte, es un fenómeno transitorio de la descomposición cadavérica. El ser sale del cuerpo como mudamos una ropa, un traje y usamos otro, para mí morirse es como abrir una puerta, salir, entrar, volver otra vez, volver a salir, la tesis de la reencarnación. Entonces este hombre, después de 35 años de investigación, soportando la duda de los científicos, siendo considerado una personalidad psicópata, ridiculizado por aquellos que niegan por sistema, porque mucha gente niega por sistema, por hábito, "dice no, quiero que usted compruebe".

 

Yo tengo una experiencia muy particular. Cuando trabajaba para el gobierno del Brasil, tenía un colega que era una personalidad muy especial, era un hombre rico y estaba vinculado a la política, no trabajaba, ganaba sin trabajar. Yo que no era rico, que no era político, trabajaba y casi no ganaba, es la justicia social. A él le gustaba mucho hablar conmigo y me decía:

 

— Divaldo, ¿cómo tu siendo tan joven crees que la vida continua?, y además, ¿cuál es el fenómeno?.

 

— Es un fenómeno normal, creo.

 

— Tú ¿me puedes probar la inmortalidad del alma?.

 

Y yo ingenuo, comencé a explicar los clásicos del Espiritismo, los grandes científicos, Alexander Aksakof, las experiencias de William Crookes, las experiencias de César Lombroso, las experiencias de Cherenoski; eran los científicos más respetados de Europa y de América; desde un juez de derecho, el juez Edmonds, hasta las personalidades de la química, la física, y cuando yo me callaba me decía:

 

— ¡No! No lo creo.

 

Y yo me quejaba y decía, ¿Dios mío, voy a merecerlo?, porque argumentos no me faltan.

 

Un día y otro..., Entonces pasé por la historia bíblica, digo mira ¿cómo puedes dudar de todo?, pasé entonces por la filosofía, los grandes autores, las obras básicas de la Humanidad, por la mística oriental, y después de que ya me cansara de tanto disentir, no se convenció. Un día que yo no estaba de buen humor me dijo:

 

— Divaldo, prueba en mí, la inmortalidad del alma.

 

— No, no puedo. Ahora le pido a usted que me pruebe que el alma no es inmortal.

 

Él dijo:

 

— No puedo.

 

Entonces es inmortal, porque nosotros podemos demostrar que sí, pero ellos no prueban que no; no se puede probar la negativa, por supuesto, solamente se puede probar la culpa o la inocencia, es el derecho internacional, y entonces le dije:

 

— Pruébame que el alma se destruye, dame una prueba de que se acaba.

 

— No, no puedo, hombre.

 

— Entonces, no puedes, porque es imposible.

 

El se quedó sorprendido con una cosa tan banal y me preguntó:

 

— ¿Tú tomas tragos?.

 

— No, porque soy inteligente, no voy a gastar plata para tener una cirrosis hepática.

 

— ¿Tú fumas tabaco?.

 

— No, yo soy una persona inteligente, no voy a gastar plata para tener una problemática pulmonar.

 

— Divaldo, ¿tú te entregas a los placeres?.

 

— No, soy una persona que me respeto.

 

Él me dijo:

 

— ¿Cómo puedes, no te diviertes con nada?.

 

Y yo le digo:

 

— ¿Qué es la diversión? Es un burdel, es una mesa de bar, es el tabaco. No, para mí la diversión es exactamente lo opuesto; porque cada quien encuentra la felicidad en una forma y yo la encontré en eso. Él me miró y dijo:

 

— Pobre de ti, Divaldo, imagínate si cuando te mueras no hay nada, entonces has tenido una vida de monasterio.

 

Yo le dije:

 

Fantástico, eh!, Si cuando yo me muera no hay nada, maravilloso, ya fui feliz mientras estaba viviendo. Ahora te pregunto a ti. ¿Te gusta beber’?

 

— Desde un aguardiente hasta whisky escocés. Sí, de todo.

 

— Y ¿te gusta fumar?

 

— Sí, tabaco de laponia.

 

— Y, ¿te gusta el placer?

 

— ¡Oh! Sí, yo vivo de los placeres.

 

— Imagínate, — le pregunté: — Supongamos el ‘absurdo, que haya vida después de la vida, y que la ley de probabilidades sea un 50 %, mitad y mitad. La realidad de la ley de probabilidades es 99’999 una cifra periódica, porque todos los hechos lo prueban, pero me conformo con mitad y mitad, que haya vida después de la vida ¿qué será de ti?.

 

Él me miró y dijo:

— ¡Oh, no!; Si hay vida después de la vida, estoy acabado; porque cuando esté allá, estaré destrozado.

  

Y cambió. Yo había gastado ciencia, filosofía, ética, nada; cambió por el pavor de ser en el mundo espiritual un atormentado, y no lo amenacé, porque no le dije unas cositas que hay en el mundo espiritual para aquellos que son obsesos sexuales, aquellos que viven del placer. Entonces la vida es un fenómeno tan extraordinario, que negar la continuidad de la vida después de la vida, es un absurdo.

  

Yo pertenezco a una familia muy católica, he nacido en un hogar que me programaba para ser sacerdote de la Iglesia Católica, soy el hijo número trece, porque entonces las mujeres eran máquinas de fabricar bebés, ahora no, ahora todo el mundo programa, Dios antes de mandar un niño les pregunta: entonces todo va bien, anticonceptivo, tal, etc.

  

Maravilla, progresamos, todo muy bien, pero yo soy el número trece y toda mi familia, por supuesto, esperaba que fuera sacerdote de la Iglesia.

  

Cuando contaba cuatro años, cuatro años y medio de edad, estaba un día jugando en mi casa, que era una casona. Una sala de visitas con las habitaciones, con el comedor y la cocina al fondo. De pronto llegó una señora me miró y dijo:

  

— Di, — que es mi nombre familiar —, Di, llama a Ana, — que es mi madre —, y dile que quiero hablar con ella.

  

Yo estaba jugando, y dije:

  

— Mamá, aquí hay una señora que le quiere hablar a usted.

  

Mi madre era una mujercita bajita, las mujeres bajitas son tremendas, las grandotas no, las grandotas son como muchos truenos, porque hacen mucha bulla pero no hacen nada, las pequeñitas son calladitas y tremendas y mi mamá era terrible. Ella vino y cuando llegó a la sala, no vio a nadie.

  

— Di, ¿por qué mientes? Aquí no hay nadie.

  

Cuando había cualquier problema, mi madre que era muy práctica, decía, "voy a llamar al psicólogo" (El “psicólogo’ era un bastón escondido detrás de la puerta), y nos poníamos todos más nerviosos. Yo me quedé llorando, y ella se fue para la cocina a trabajar. Y la señora volvió a decirme:

  

— Di, dile a Ana, que soy María Señoriña. Yo soy tu abuela.

  

Yo no sabía que era mi abuela, porque en el momento que nací mis abuelos ya habían muerto y en casa no se hablaba de ellos; y mi mamá no conoció a su madre porque cuando ella nació, su madre murió de una infección puerperal, y ella fue criada por una hermana. Yo entonces dije:

  

— Mamá, la mujer dice que es María Señoriña, mi abuela.

  

— ¿Adónde está la mujer? Tu estás mintiendo, Di.

  

Pero ella había visto un cambio en mi rostro, porque se asustó ¿niño que pasa?. No sabía que pasaba, y me agarró y me llevó a casa de mi tía que era un ser calmado, llegó allí y dijo:

  

— Este niño está loco, está hablando de mamá, mira que cosa, mira como está de blanco.

  

Yo no me daba cuenta, y mi tía que era muy tranquila, era paralítica. preguntó:

  

— Di, ¿dónde está la señora?

  

Se quedó en casa, cuando miré hacia el pasillo, me di cuenta que la señora estaba llegando.

  

Mi tía me miró, mi madre y ella se abrazaron de emoción. y mi tía dijo:

  

— Tú la ves. ¿dónde está la mujer? ¿Cómo está vestida?.

  

No me acuerdo de detalles. tengo unas ideas:

  

Lleva un traje largo, pero tenía en el cuello una cosa que me llamo la atención, era como una cuerda negra y dije: Hay una cuerda negra con una cosa.

  

Entonces ella dijo:

  

Ana, es mamá, porque fue el camafeo que le puse en el cuello con una cinta de terciopelo. Pregúntale lo que quiere.

  

Yo no me acuerdo porque perdí el sentido y cuando desperté las dos lloraban mucho. Y a partir de entonces fui considerado una persona especial, cuando algo sucedía, la familia decía, no se puede con Divaldo, él sabe que es un niño especial. - Era una forma muy especial de decir que era psicópata, porque yo veía los muertos y mis padres me prohibían hablar de ello a cualquier persona, pero yo hablaba a toda la gente, parecíame tan natural que lo contaba si me preguntaban. Sin embargo se dio el caso en el año 1944, que un hermano mío, ya casado, estando bien de salud, súbitamente cayó muerto en medio de la calle. Alguien me avisó. Cuando llegué allí pude comprobar que estaba muerto. Murió ahogado en sangre. Yo tuve un shock tan grande, tan tremendo, que me puse a correr para informar a mi familia. Llegué a casa y se lo dije a mi padre que salió a toda prisa para ir averiguarlo. Yo me senté en el comedor. En las ciudades del interior, en aquel entonces no se hacia levantamiento de cadáver, ni tan sólo había depósito. El cuerpo de mi hermano lo llevaron a su casa y mi madre, muy angustiada, cuando llegó, dijo que fuéramos al velatorio, pero cuando yo me quise levantar no pude, otra vez lo intenté y no me fue posible.

  

– ¡Mamá no puedo levantarme!

  

– Ya vienes con tus cosas, ¿qué tienes!.

  

– No siento las piernas., no tengo sensación, es como si no tuviera las piernas

  

Y ella me dijo:

  

– Hijo esto es una tontería, tu hermano, esta muerto. ¡Vamos!

  

lntente levantarme y me caí, y a partir de entonces quedé paralítico, en la cama por seis meses, desde el día 24 de Junio hasta el día 5 de Diciembre. Los médicos que me miraron, dijeron que era un trauma, que con el shock había tenido un bloqueo en el centro de los movimientos y necesitaba de otro shock emocional para recuperarme, pero mi familia era muy modesta, cuando decían un shock, lo llevaban al pie de la letra, y me produjeron toda clase de shocks, sustos, y..., casi me mataban, y me quedé en la misma situación.

  

Yo tenía una prima que le gustaba consultar a esta gente de hechicería, quiromancias, cartomancias, porque ella quería casarse y por aquel entonces ya era difícil casarse, hoy día es mucho más difícil, pero ella fue a preguntar a esta gente que era mistificadora profesional, a pesar de ser muy católica, le gustaba mucho esto; mi prima iba aquí y allá para consultar.

  

Llegó a nuestra ciudad una señora que era médium espiritista y mi prima le fue hacer una consulta. Cuando llegó allí dijo que su problema era querer casarse, porque estaba quedando muy vieja, ya tenía 25 años, hoy una mujer de 70 es una niña pero entonces 25 años ya era una edad muy preocupante. Se decía que se quedaría balzaquiana (en homenaje a Balzac), y era casi una ofensa decir que no era casada. En Brasil decir solterona era una afrenta tremenda, hoy es un honor ¿tú estas casada?, ¡yo soltera, yo solterona!. Y mi pobre prima fue a la señora y le dijo que quería casarse, ¿qué le parece?.

  

La señora con una visión de una realidad diferente, le dijo:

  

— Hija, lo importante no es casarse o dejar de casarse, es ser feliz. El matrimonio es una bendición para unos y es un karma para otros.

  

La convenció, ella necesitaba de esclarecimiento, cuando la señora terminó, mi prima dijo:

  

— Muchísimas gracias, ¿cómo es que usted habla tan diferente?.

  

Y ella le dijo:

  

— Es que yo soy espiritista, tengo la visión espiritista de la vida. Y le habló del Espiritismo.

  

— ¿Cuál es la base del Espiritismo, desde un punto de vista ético-moral?.

  

Y la señora le dijo:

  

— La Ley de la Caridad.

  

— Usted ¿hace caridad?

  

— Vengo haciéndola.

  

— Usted: ¿visitaría a un primo mío que está muy enfermo?

  

— ¡Cómo no!.

  

Y la señora vino a visitarme con mi prima. Yo estaba acostado con dos almohadas en la cama, cuando entró mi mamá, la prima y la señora. La señora me miró y remiró y después dijo:

  

— Este niño no tiene nada.

 

¡Mira, qué vieja! Mi madre me dará una paliza, porque va a pensar que estoy fingiendo.

 

— ¡Señora! Yo estoy muy enfermo.

 

— No hijo, tú estás obsesado.

 

Yo no sabía lo que era un obsesado, pero la palabra me pareció muy bonita y le pregunté:

 

— ¿Qué es ser obsesado?

 

— Tú eres médium y tu hermano que se murió hace poco está influenciándote, está bloqueándote inconscientemente, el centro de los movimientos.

 

Y describió a mi hermano con una riqueza de detalles, que le pregunté:

 

— ¿Usted lo conoció?

 

— ¡No! Estoy viéndolo.

 

— Y ¿usted ve a los muertos?

 

— Claro que los veo.

 

Y me quedé tan feliz, porque antes era solamente yo quien veía a los muertos, ahora ya tenía una compañera, era más agradable. Y le volví a decir:

 

— ¿Usted ve a los muertos?

 

— Sí, los veo.

 

— Yo también.

 

— Claro, tú eres médium y vas a quedar desde ahora sanado. ¿Tú sabes orar?

 

— Claro que sé. Soy católico.

 

— No te pregunto tu religión, — dijo — Ora el padrenuestro..., cierra los ojos.

 

Yo cerré los ojos, pero los dejé un poco abiertos para ver lo que iba a pasar, porque era una mujer espiritista. Ella me impuso la mano y me aplicó la terapia bioenergética, pases longitudinales, durante unos dos minutos a lo máximo, y después de eso me dijo:

 

— Ya estás bien, él se alejó de ti.

 

— Señora aún no estoy bien, estoy igual.

 

— ¡No, no! Ya estás liberado. ¡Levántate!

 

— No, no puedo, ya que si me levanto me caigo.

 

Y mi madre me dijo:

 

— ¡Que te calles!. La señora te manda que te levantes y para probar que eres un niño educado, ¡ponto de pie!.

 

Yo sabía que cuando la señora saliera, mi madre era capaz de ponerme de pie, y para librarme de ella y del "psicólogo", porque era falta de educación no obedecer. ¡Mira que tiempos! (Hoy el gran problema es saber qué es la educación). Entonces en aquel momento yo hice un esfuerzo y cuando los pies tocaron al suelo, sentí la sensación de un post calambre, cuando la sangre comienza a irrigar los vasos periféricos y me puse de pie. El próximo día 5 de Diciembre (1995), se cumplirán 50 años que me muevo sin haber tenido nada. Ella me miró y dijo:

 

— Ya está. Ahora necesitas ir a una sesión de espiritismo para educar la mediumnidad.

 

— ¿A una sesión espiritista?, ¡Yo no voy!. Yo soy muy católico. Yo no voy.

 

Y mi madre preguntó:

 

— ¿Dónde es la sesión espiritista? La señora dijo:

 

— Hoy tenemos sesión. Mi madre:

 

— Nosotros iremos a la noche.

 

— ¡Madre! Yo no voy.

 

— Tu irás.

 

— Yo no voy.

 

Y a la noche fuimos, me dejé llevar por no discutir.

 

En aquel tiempo el Espiritismo tenía un nombre muy especial, era interpretado como una superchería, brujería... Y cuando llegamos al Centro Espírita, que estaba en un barrio muy humilde, tuve la primera sorpresa, esperaba encontrar personas un tanto especiales, pero encontré al notario, a su lado estaba el juez de la ciudad, ¡mira esta gente masónica! y también estaba la señora encargada de cuidar el altar del Corazón de Jesús, que era una señora muy piadosa, cuando ella me vio, me dijo:

 

— Lo que pasa aquí, no se comenta. ¡Eh!.

 

¡Ah! Dios mío, eso es imposible, yo tenía 17 años. Me senté, cuando empezó la reunión, un señor tomó el libro "El Evangelio según el Espiritismo", y al abrirlo empezó a leer la plegaria dominical, la más bella oración que yo he oído, mientras recitaba con emoción, le miré y vi que de dentro de él, iba saliendo una luz como el resplandor que tienen los santos, el aura fue cambiando, cambiando, yo cerré los ojos. Cuando volví a la normalidad, mi madre lloraba y decía:

 

— ¡Hijo! José ha vuelto.

 

— ¿Mi hermano muerto? No madre. ¿Cómo yo no lo he visto?

 

— Habló por tu boca.

 

— ¡Madre! Es imposible, yo estaba durmiendo.

 

— ¡Di! ¿Será qué yo no conozco a tu hermano?

 

Mi hermano era más viejo. Ella habló con él a través de mí. Y en la primera sesión Espírita, se quedó loca de contenta.

 

Yo no me acordaba de nada. Al día siguiente era sábado, fui a confesar, el cura se congratuló conmigo, ¿cuál fue el milagro?

 

— Padre tengo que confesar, porque he cometido pecado mortal. Fui al Centro Espírita.

 

— ¡Ah! No, eso se tiene que confesar.

 

Me confesé, conté toda la historia pero no podía acusar, ya que era pecado y entonces yo le provocaba para que me preguntara, porqué ocultaba las personas que había en el Centro Espírita, y si estaban también en la iglesia

 

— ¡Ay padre! ¡Usted no se imagina las personas que estaban allí!, gente muy conocida.

 

Y él no me preguntaba. Me aplicó una penitencia, a orar unos rosarios. Y cuando terminé la penitencia, me dijo:

 

— Vete al Centro Espírita, todos los viernes, porque el diablo es muy poderoso y es necesario agradarle para salir de la mano de él; tú vas los viernes al Centro, te confiesas el sábado, yo te perdono, y comulgas los domingos.

 

Entonces yo iba al Centro los viernes, confesaba los sábados y comulgaba los domingos; y así estuve desde Diciembre hasta Febrero de 1945, y se lo contaba todo.

 

Cuando un día, estaba confesándome en la sacristía y él me decía que era el demonio, “sí, el demonio que viene para robarte del seno de la Iglesia”, vi llegar un espíritu en la sacristía, y le dije:

 

— ¡Padre, está llegando el diablo!.

 

Me dio pánico, ¿será este el diablo?, y me quedé sorprendido. ¿Cómo iba a ir el diablo a un lugar que yo consideraba sagrado?. Y el padre me preguntó muy serio:

 

— ¿Cómo es el diablo?

 

— No es un diablo, es una diabla, es una mujer.

 

Y él me dijo:

 

— ¿Cómo es ella?

 

— Es una señora bajita, con tales características, lleva un chal que le cubre las espaldas, con el cabello tirado hacia atrás, peine alto, lleva gafas.

 

— Dime más, mírale el rostro ¿qué ves?

 

— Yo veo una arruga en la parte superior del labio.

 

— Recíbela, no es el diablo. ¡Es mi madre!

 

Entonces me relajé y cuando volví a la normalidad él me dijo:

 

— Divaldo, mi madre vino a reprochar mi conducta, vino a liberarte, tu tarea no está aquí en la iglesia. El Espiritismo es una ciencia de verdad, los muertos vuelven, la vida continua, Toda la historia de la iglesia está fundamentada en la comunicabilidad de los espíritus. A partir de hoy no vuelvas mas, vete al Centro Espírita y cuídate estas facultades, y cuando aparezcas en mi casa ven como un amigo no más corno un religioso.

 

Y yo le dije:

 

— Para ¿dónde voy?. Yo no soy Espírita, y usted me expulsa de la Iglesia, ¿ahora que haré?, ¿qué dirá mi madre?.

 

Llegué a casa y se lo conté a mi madre y ella me dijo:

 

— ¡Qué maravilloso, hijo! Vamos al Espiritismo, porque el Espiritismo nos consuela.

 

¿Por qué la consolaba? Porqué mi madre había perdido una hija que se quitó la vida, se suicidó, y cuando ella fue a buscar consuelo de la iglesia, el sacerdote le dijo:

 

— Los suicidas caen al infierno perpetuamente y nunca tienen perdón.

 

Y mi madre se sintió enemiga del espiritualismo clerical y dijo:

 

— ¿Qué Dios es ese? Un Dios que no perdona nunca, ni en un momento de locura, si El no la perdona, yo sí perdonaré a mi hija, soy más grande que Dios, Él le niega el perdón y manda que su Hijo venga a enseñarnos el perdón, setenta veces siete, y El no perdona una vez al hijo que se mata estando enfermo de la cabeza.

 

Mi madre era muy modesta culturalmente pero tenía la visión de la sabiduría de la vida. Su hija era una persona enferma y ella no se quitó la vida porque quiso; Dios ha de saber los motivos que se nos escapan.

 

— No vuelvo nunca más a esta Iglesia que tiene un Dios que odia y no perdona.

 

Cuando llegó al Espiritismo ella supo que, claro, Dios no perdona pero Dios tampoco castiga, Dios ama, ¡Dios es Amor! No juzga para condenar. Nuestra conciencia sí que nos exige la reparación, y como que la conciencia es Dios en nosotros, la conciencia nos dice, como escribió Allan Kardec en él "Cielo y el Infierno", todo error impone tres actitudes, el arrepentimiento, la expiación, la reparación; cuando me arrepiento de una cosa que he hecho yo cambio de actitud mental y sufro la expiación pero no basta eso, es necesaria la reparación. Si hago mal, si destruyo eso, no basta decir, no te preocupes, esto es una prenda, es un vaso, no es nada, no te preocupes. Yo he transgredido la ley, desarmonizado el equilibrio cósmico, solamente estaré bien cuando haga algo que restituya aquello que las personas disculpan diciendo que no tiene importancia, porque mi conciencia me exige reponer aquello que destruí, esta es la reparación.

 

Mi madre se puso feliz, y decía:

 

— ¡Di!, que maravilla será cuando Naír retorne a la tierra.

 

Esto pasaba en el 1945. Hoy mi hermana está reencarnada desde 1987, reencarnó con las señales del crimen que practicó contra sí misma. Cuando murió mi madre, fue a buscarla, a liberarla de las fuerzas negativas obsesoras que la llevaron al suicidio y la ayudó a reencarnar en un barrio donde vivimos nosotros, en la Mansión del Camino. Era una negrita con labio leporino porque ella ingirió un tóxico venenoso, cianuro y mercurio, y se murió en tres minutos y entonces se dañó el periespíritu, reencarnó deformada, y mi madre me dijo:

 

— Yo traeré a Naír para que tú la ayudes, pero no irás a cambiar su karma.

 

Cuando la mujer vino con la niña de 7 años que se moría de hambre, yo la vi. Mi madre apareció y dijo:

 

— Es Naír. Pregunta a la mujer el nombre de ella.

 

Y yo le pregunté.

 

— Señora, ¿cómo se llama la niña?.

 

Y ella me dijo.

 

— Es un nombre de gente blanca, ¿usted se imagina?, cuando yo, estaba embarazada soñé con una señora, de cabello blanco, de ojos azules que me decía — cuídela, es mi hija Naír — y yo le puse el nombre de Naír.

 

La niña estaba muriéndose, la llevé a nuestro centro médico y llamé a un "hijo mío" que es médico, internó a la hija y a la madre, para atenderlas, ya que estaban muriéndose, para arrebatarlas de la muerte y alimentarlas, después le pregunté a la señora:

 

— ¿Usted quiere dejarla aquí, en la Mansión del Camino?

 

La mujer me la entregó para cuidarla.

 

— Yo acepto la hospitalidad, la Mansión me ayudará, pero a mi hija no la doy.

 

Mi madre me dijo:

 

— No la tomes, porque puedes interferir en el karma de ella y si intentas alterar las leyes, le van a ofrecer otros métodos de reparación. Es la justicia del Amor de Dios. Dios Ama.

 

Después de esta larga experiencia que he explicado a ustedes, yo soy una constatación evidente de la vida después de la vida.

 

Para concluir. En 1978, fui a dar una conferencia en Londres, en un congreso Espiritualista Internacional, e iba a usar un traductor, llamado Gair Prefer, que había escrito un libro muy especial, y le dije: Voy a hablar de los científicos, ya que mi tema es "Las pruebas Científicas de la Reencarnación". Y él me dijo:

 

— Es muy interesante, pero a los científicos, nosotros podemos leerlos en las bibliotecas. ¿Tienes alguna experiencia tuya de reencarnación, de recuerdos...?

 

— Sí me acuerdo de algunas.

 

— Pues cuéntalas. Porque si un científico merece respeto, tú también, la palabra de él es respetada, igual que la tuya, hasta que se compruebe que no eres un mentiroso. A nosotros los ingleses, nos gusta oír las experiencias personales que nos merecen respeto.

Entonces por eso, después de citar algunos investigadores he preferido terminar el tema de la Vida después de la Vida con estas experiencias que cambiaron mi vida. Fueron tan profundas, que hace 50 años, cambiaron completamente mis respuestas, porque es tan importante la certeza de la inmortalidad del alma, que marcho para la muerte, como dijo Raymond Moody Jr, como quien pasa una puerta. Yo tuve un infarto, un paro cardíaco, y cuando estaba despertándome con un dolor insoportable, fui al médico, me examinó el área e hizo unos test, me mandó hacer un cateterismo y me dio 3 meses de vida, a lo máximo, porque era inoperable. "Tendríamos que quitarte la arteria principal, esto es imposible porque ahí está el bloqueo y tienes, además, otras tres arterias obstruidas. Estás para morirte, vete para casa; tú eres Espiritista y prepárate para morir".

 

Y fui y me acosté en la cama, esperando que llegara la muerte. En cierto momento, que era el día de sesión mediúmnica, y estaba aún allí, cuando aparece mi espíritu Guía Joana de Angelis, y me pregunta:

 

— ¿Qué tienes?

 

Yo no me imagino qué Guía es este, estoy muriéndome y el Guía lo sabe. Y le dije:

 

— Hermana yo estoy 95 % muerto.

 

Y ella me contestó:

 

— ¿Cuál es el problema?. Tu estás hablando con alguien que está 100 % muerta. Levántate y vamos a trabajar.

 

Aquí estoy 11 años después, porque he rehusado morirme. He dicho al corazón, no iremos ahora, ¡eh!, tengo mucho que hacer y rehúso morir, como recomienda una gran psicoterapeuta, la doctora Louise Ebri. Yo me rehúso, ¿por qué Dios me quiere allá? para Él es indiferente que esté aquí o allá, y entonces le dije:

 

— Mira Dios. Yo te pido solamente un poquito de diez años, ¡Cuánto me arrepiento!.

 

Ahora hay una terapia que dice, cuando le pidas algo a Dios, pídele mucho, nunca le pidas 50.000 ptas. pídele 50 trillones de pta5, porque si "está de malhumor" te dirá: ¡No! sólo te doy un 1 %, entonces tendremos 50 millones de ptas. Ahora si pedimos 50.000 ptas. y Él dice sonriendo: ¡No! te doy un 1 % entonces tendremos 500 ptas.

 

Yo he aprendido a pedir mucho. Le digo: ¡Señor, estaba tan aturdido cuando te pedí esto hace 10 años!. Ahora estoy rectificando el documento y quiero pedirte que me permitas vivir solamente hasta el año 2000, 2010 ó 2020 más o menos. Creo que le sonreí. Sé que no podemos interferir en la ley universal, pero ¿qué son 20 años en el reloj de la eternidad?. Viajé con el problema de angina de pecho, con dolores todos los años, y el médico me decía:

 

— Tu vas a morir en cualquier parte.

 

Se muere en cualquier parte, la muerte no manda más, (claro antiguamente mandaba, ahora no), nosotros estamos de tránsito por la vida, por lo tanto la vida tiene un sentido, que explica el Espiritismo, de lo más importante. Deberemos vivir con tal equilibrio, que en el momento que el Ángel silencioso de la muerte llegue y nos tome de la mano, y nos lleve a transferirnos por la puerta de la inmortalidad llevando la alegría, la ventura, la felicidad. No en una felicidad en el Más Allá, la felicidad comienza aquí, ahora, esperemos este momento porque seremos lo que hagamos en este momento.

 

Por eso la moral Espírita, al respecto de la vida después de la vida, es la moral del amor, es la ética de la solidaridad humana, es la práctica de la caridad, no la caridad de donar, de ofrecer cosas, la caridad del perdón, la caridad de la amistad, una sonrisa, una mirada de dulzura, una carta amiga, una llamada de teléfono para decir buenas palabras, son formas de caridad, de humanidad, en esta síntesis moral de la caridad.

 

Por lo tanto en este amanecer de una era nueva, porque estamos en el momento cumbre de la humanidad, en la hora máxima de la transición, es un claro-oscuro, llega el amanecer y en este momento de amanecer, construyamos dentro de nosotros esta certeza de la inmortalidad, meditando profundamente las enseñanzas del "Libro de los Espíritus", procurando asumir y vivir estas experiencias, porque una vida física por más larga que sea, es siempre muy cortita, y después que pasa, como fue muy rápido, pues el final no se demora, en el momento que llegue el estado terminal, osemos decir:

 

¡Voy y volveré, para proseguir la tarea de la evolución, porque nadie muere, la vida es inmortal!.

 

Por su atención, muchísimas gracias.

 

Terrassa, 2 de Diciembre de 1995.

 

Nota: Esta conferencia ha sido transcrita de una cinta de audio por el Centre de Divulgació Espírita Amor i Pau de Igualada, y no ha sido revisada por el autor

 

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