Vida Social en el Más Allá

La sociedad es el organismo complejo que reúne a las criaturas humanas, como células individuales que son, trabajándolas en favor de la armonía general.

 

La conquista del proceso de evolución, es un paso agigantado del período primario, cuando el ser, en la fase del instinto gregario buscó a otro, al cual se acercó formando el grupo tribal que evolucionó hacia la vida social.

 

Sin este desarrollo, que enriquece a sus miembros con valores cualitativos, se constituye en instrumento valioso para quitar las aristas morales y el perfeccionamiento de las expresiones elevadas que permanecen en reposo.

 

En ese intercambio de intereses y necesidades, las aspiraciones se sutilizan y el egoísmo, poco a poco cede lugar al altruismo, contribuyendo a que la fraternidad se establezca sin mácula.

 

En la vida social el progreso se manifiesta, teniendo en cuenta las necesidades del grupo que se perfecciona y crece en aspiraciones cada vez más complejas y sutiles.

 

La ciencia, el arte, la tecnología, el pensamiento, la ética y la religión se presentan como vehículos poderosos para alcanzar los mejores resultados que siempre culminan en  felicidad,  bienestar, salud, y armonía…

 

Cada período de la sociedad se caracteriza por sus glorias o miserias, no obstante los pasos del progreso conseguido en la estela del tiempo, que son siempre gigantescos.

 

En la Tierra, sin embargo, los límites orgánicos establecen también la finitud, la pequeña dimensión de los logros de la evolución, que se circunscriben a factores económicos y morales, en favor de la sociedad.

 

Más allá de la tumba, sin embargo, por las características de que se reviste la vida social, sus escalas se multiplican al infinito, no habiendo límites para las aspiraciones y conquistas del espíritu.

 

Pujante, la vida social en el mundo de las causas, es rica en las Esferas Superiores, de belleza y realización, donde se equipan los misioneros de la evolución de la humanidad para transferir hacia la Tierra lo que se presenta como invento y penetración en el meollo de los enigmas cósmicos y microscópicos.

 

Atrás han quedado los días en que ingenuos, se creía en una vida social más allá del cuerpo, carente de vibración y de movimiento, de acción y de trabajo.

 

El Espiritismo vino a demostrar que el cielo utilitario y sin finalidad, en el parasitismo estático de la contemplación infinita y el inferno de eterna punición, no pasan de conceptos míticos del agrado arquetípico de los privilegios y de las puniciones crueles.

 

Las estancias felices, al contrario de las megalópolis terrenas, son colmenas vivas de amor y de acción, felicitando a sus habitantes con los gozos que se derivan de la conciencia lúcida y acorde con las leyes de Dios, impulsando al espíritu a la búsqueda incesante del aprendizaje, en el deseo de conquistar la sabiduría.

 

Comunidades resultantes de la afinidad de intereses y conquistas morales, se armonizan por las metas que persiguen y por las labores que emprenden.

 

Entre ellas reina la perfecta confianza y la afectividad está desprovista de pasiones egoístas y tormentosas, propiciando relaciones duraderas en realizaciones futuras para el bien general.

 

Instituciones de gran porte preparan aprendices de la belleza y del conocimiento, a fin de que, periódicamente, como lluvia de estrellas, caigan sobre la Tierra, iluminando los oscuros caminos humanos, liberando a las criaturas de las imposiciones severas y penosas de los flagelos destructores, de las enfermedades desgarradoras, de las angustias punitivas, de la ignorancia y de la perversidad…

 

Aptos para la renuncia, que aprendieron en esos santuarios de bendiciones, se afanan en la edificación del Bien y de la Verdad, sin esperar ninguna recompensa o comprensión, que solo se expresan en la paz de la conciencia.

 

En esos infinitos nidos de amor luz el verdadero entendimiento de los Soberanos Códigos y la imaginación rompen las amarras que la limitan, facultando la elaboración de incomparables paisajes y edificaciones donde viven y se movilizan.

 

Esto, porque a medida que asciende, el espíritu se libera de la condición de esclavo del trabajo, pasando a realizarlo por necesidad, alcanzando el nivel superior anhelado de belleza y sublimación.

 

El esfuerzo físico y la actividad corporal, tan comunes en la Tierra, son sustituidos por la acción mental que plasma, que mueve, que vitaliza y perfecciona en razón del perfecto control de las facultades psíquicas que expresa Dios en el ser en crecimiento.

De alguna forma, ya se pueden observar en el planeta algunos de estos aspectos, cuando la robótica substituye seres humanos en tareas desgastantes y la informática proporciona operaciones fantásticas que antes constituían desafíos, no siempre exitosos.

 

Los equipos sofisticados de la biónica, de la ingeniería genética, de la biología molecular, de la computación, sólo para citar algunos, que llegaron al planeta en los últimos cinco decenios son materializaciones de los extraordinarios instrumentos de esas Esferas espirituales, encargadas de fomentar el progreso humano para apresurar la transición del mundo de expiación y pruebas y proporcionar las bases del mundo de regeneración.

 

Esos espíritus que se sumergen en el grupo social, procedentes del más allá, provienen del siglo V de Pericles, en la Grecia antigua y se corporificaron como Praxíteles, Esquilo, Sófocles, entre muchos otros, para resurgir en los cuerpos de Sócrates, Platón, Aristóteles, Leucipo, Lucrécio, Demócrito y avanzar hacia los días de Cayo Julio César Octavio, en el cuerpo de Marco Aurelio, Tito Livio, Mecenas y así sucesivamente en la Escuela Neoplatónica de Alexandria, en el período medieval y en el Renacimiento hasta los días actuales, alterando el planeta en sus diversas expresiones.

 

La vida social en el más allá, real y formal, activa cuan grandiosa, es el depósito de luz de donde la Divinidad transfiere hacia el mundo físico los gérmenes de vida, belleza y sabiduría, a fin de arrastrar en sus redes de amor y de servicio a los espíritus aún retardados u obstinados en la ignorancia que, igualmente, irán a vivir en esos lugares de plenitud en la erraticidad, cuando se hallen liberados del yugo de las pasiones y las impurezas morales.

 

Tomado del libro: “Encuentro Marcado” de Manoel Philomeno de Miranda

Traducción al español: Oscar Cervantes Velásquez

Centro de Estudios Espíritas Francisco de Asís

Santa Marta – Colombia

 

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