GUSTAVO GELEY

Gustavo Geley
Gustavo Geley

1868 - 1924

 

Su amigo Gastón Bourniquel se ocupó de dar a conocer la vida y obra de Gustave Geley, científico, médico e investigador de la psiquis humana. Aparentemente, la falta de datos familiares y personales de su infancia y adolescencia se debió a que a las pocas semanas de nacido, sus padres se trasladaron con él a Ginebra, Suiza y allí se establecieron. 

 

Gustave Geley nació el 13 de abril de 1868 en Monceau-les-Mines, región industrial de la Borgoña francesa, en el departamento Saône-Loira; es decir, donde estos ríos se encuentran en una tierra de castillos e iglesias romanas, de viñedos, ganado y labrantíos. Abandonó su tierra natal y a su regreso de Suiza se estableció en Lyon, donde comenzó sus estudios de medicina. Su adolescencia y juventud se desarrollaron, entonces, en el marco antiguo de la metrópoli bimilenaria, fundada 43 años antes de nuestra era y al mismo tiempo con el empuje de la modernidad. Podemos imaginarnos que disfrutó de sus amplios vestigios romanos, de los incomparables barrios renacentistas, de las altas torres, las oportunas y altas escaleras, de sus patios con galerías unidos por amplios pasillos que permiten transitar de una calle a otra; y también, habrá admirado la catedral de Saint Jean del siglo XII que luce un basamento de mármol extraído del foro Trajano y sus cuatro torres ubicadas al pie de la colina de Fourrière.

 

La ciudad de Lyon, comercial e industrial, pero también con una gran actividad intelectual, era el marco propicio para acunar el desarrollo de ese espíritu ávido de conocimiento. El arte y la cultura han tenido en esa ciudad un lugar importante desde antiguo, y numerosas manifestaciones atrajeron siempre a un público joven y entusiasta que encontró cabida en su ópera, sus teatros y auditorios, como en sus museos que albergan obras de arte romanas muy antiguas. Este ambiente cultural dio el escenario adecuado para contribuir a la formación de su personalidad.

 

Por otra parte, la ubicación de la ciudad en la confluencia de los ríos Saône y Ródano, permite gozar de un paisaje espectacular; y en el suburbio de Lyon, al pie de las montañas de Beaujolais, el río Saône, plateado y lleno de pesca, es un paseo obligado y habitual de los jóvenes. Por lo que estamos seguros que en sus años de estudiante, Gustave habrá disfrutado de la belleza de los campos con granjas y viñedos.

 

Ingresó a la Facultad de Medicina de Lyon donde cursó sus estudios en forma brillante y los coronó con una tesis de grado titulada "Las aplicaciones periféricas de ciertos alcaloides o glucósidos", por la que recibió el premio máximo otorgado por esa casa de estudios.

 

A los 28 años de edad comenzó su práctica médica como interno del Hospital de Lyon, y para ese entonces ya estudiaba con pasión los fenómenos psíquicos paranormales, y era miembro de la Sociedad de Estudios Psíquicos de Ginebra, dirigida en aquel entonces por Daniel Metsger; interesándose también por el Espiritismo, extendido por Francia y otros países de Europa.

 

En 1897 publicó, bajo el pseudónimo de Dr. Gyel, su primera obra titulada: "Ensayo de revisión general y de la interpretación sintética del Espiritismo"; libro, notable por sus conceptos, que permitía apreciar ya, al filósofo y al observador ansioso de encontrar una nueva verdad; y es todavía, un curso metódico de filosofía Espírita sumamente completo y claro, en cuya conclusión decía: "La Doctrina Espírita es muy grandiosa para no imponer a los pensadores una discusión profunda. Buen número de ellos concluirán apreciando seguramente, que una doctrina basada sobre hechos experimentales tan numerosos y tan precisos, acordes con todos los conocimientos científicos en las diversas ramas de la actividad humana, dando solución muy clara y muy satisfactoria a los grandes problemas psicológicos y metafísicos, es verosímil; mucho más: verdadera; es muy probablemente verdadera. Esto le corresponde decírnoslo a la ciencia; a la ciencia, que desde ahora, no puede desentenderse de los estudios psicológicos".

 

Finalizado su internado en el hospital de Lyon, se trasladó a la ciudad de Annecy ubicada en los Alpes franceses; muy antigua y coqueta, con decorado de opereta, con sus casas llenas de flores asomadas sobre las verdes aguas del río Thion y frente a las austeras construcciones medievales conocidas como Palacios de l'Isle. Allí ejerció su profesión hasta 1918, es decir durante 20 años, llevando una vida regida por la más absoluta integridad moral y conquistando el aprecio de sus amigos, pacientes y conocidos.

 

Al principio de su carrera dictó conferencias en la Universidad Popular de Annecy, luego recopiladas en un pequeño volumen titulado: "Las pruebas de la transformación y las enseñanzas de la doctrina evolucionista", publicado luego por Alcan - París en 1901.

Inquieto por adquirir conocimientos, estudió las grandes filosofías y religiones, en especial las doctrinas pitagóricas y platónicas que lo atraían sobremanera, y profundizó en los planteamientos presentados por el Espiritismo codificado por Allan Kardec, con el que se identificó plenamente.

 

En 1899 apareció su obra "Ser inconsciente, ensayo de síntesis explicativa de los fenómenos oscuros de la psicología normal y anormal", en la que formuló conclusiones netamente reencarnacionistas, fruto del estudio de las profundas reservas psicológicas que existen en forma latente en los archivos subconscientes del ser humano. Estas reflexiones lo llevaron a considerar a la palingenesia como la solución más satisfactoria para entender el problema de las desigualdades humanas, de los sufrimientos supuestamente inmerecidos y en general, de todas las vivencias y condiciones de los seres.

Decía estar seguro, que llegaría el momento en que esta doctrina dominaría los sistemas filosóficos y reemplazaría los dogmas religiosos. Era un hombre de ciencia y un filósofo profundo, y sin lugar a dudas, en el campo de las investigaciones metapsíquicas inauguró lo que se puede denominar "filosofía científica del ser". Como hombre de su tiempo, educado en el método positivista, Geley extrajo del mismo cuanto le podía ofrecer; pero supo separar lo útil de lo cuestionable y su razonamiento se moldeó en una forma profundamente científica, no aceptando jamás aquello que no pudiese ser probado por medio de la experimentación. Evidentemente, su preparación académica era necesaria para el trabajo importantísimo que más tarde realizaría con habilidad y eficiencia.

 

En 1912 comenzó una serie de experiencias y actividades que le reportaron fama internacional y se produjo un hecho que se comentaría en toda Francia y en gran parte de Europa, ya que Geley era muy respetado por sus trabajos científicos. Escribió una respuesta al doctor Innocenzo Calderone, director fundador de la revista "Filosofía de la Ciencia" de Palermo, Italia, y autor de la obra "Libre Albedrío, Determinismo, Reencarnación", donde reafirmaba su posición reencarnacionista y la examinaba desde el punto de vista moral, filosófico y científico.

 

Con relación al primer aspecto expresaba que "La palingenesia se basa en la fórmula de la justicia inmanente que es el resultado del juego normal y regular de la vida terrena. Puesto que el ser es siempre lo que se ha hecho por sí mismo, en el curso de su evolución, en la serie de sucesivas existencias, de ello resulta que su inteligencia, carácter, facultades, buenos o malos instintos, constituyen su propia obra y sobre él recaen las consecuencias de dicha obra. Somos entonces recompensados o castigados, no por lo que hemos hecho, sino simplemente porque lo hicimos".

 

Reflexionaba que la sanción natural de la palingenesia no es únicamente personal sino también colectiva, extendiéndose a una familia, a un pueblo o a una raza; por lo tanto, los grupos de seres que se han aproximado en una o varias existencias se unen en estrecha solidaridad y de allí, se imponen las consecuencias prácticas, resumidas en cuatro factores primordiales:

1. El trabajo y el esfuerzo solidario, ya que todo lo que propicie o retrase la evolución de cada uno favorecerá o retardará la de cualquier miembro de la colectividad y la general.

2. La tolera

ncia con los errores ajenos, los cuales deben interpretarse como signo de poca evolución y progreso.

 

3. La comprensión ante las desigualdades naturales y transitorias que indican el resultado de la ley del esfuerzo individual; pero haciendo lo posible por ayudar a superarla.

 

4. La aceptación del olvido relativo y momentáneo durante la encarnación, necesario y beneficioso para el progreso y la superación de las pruebas; pero admitiendo que en espíritus más evolucionados el olvido ya no será necesario porque el consciente y el inconsciente ya no estarán aislados ni serán distintos.

 

 

Desde el punto de vista filosófico creía que se podía resumir en la frase: "Suprime todas las dificultades opuestas por el materialismo al idealismo y todas las objeciones que, en nombre de la lógica, se hacen a la noción de la supervivencia". Mientras explicaba que:

  

"El mal no tiene su origen en la voluntad, la impotencia o la imprevisión de un Creador responsable, sino que es, simplemente, la medida de la inferioridad de los seres y mundos, o la sanción del pasado y en ambos casos, irá disminuyendo conforme al progreso evolutivo y proporcionalmente a dicho progreso; y en los dos casos resulta útil, pues constituye el principal factor de nuestro adelanto, ya que es el aguijón que nos impide inmovilizarnos en el estado presente y que, por medio de sus reacciones dolorosas, nos conduce o nos devuelve al recto camino, pero tiene un carácter relativo, transitorio y siempre reparable. En consecuencia, la felicidad suprema no será privilegio de unos pocos "elegidos", sino el patrimonio de todos, y no será el efecto de una gracia sobrenatural ni de vanas prácticas rituales.

  

La inteligencia, la fuerza y la materia no pueden concebirse aisladamente, sino como modalidades de la sustancia universal en vías de evolución y el proceso de encarnación no es un privilegio del hombre, sino que es consecuencia de una ley natural y general que abarca todo lo que piensa, vive y es."

  

Desde el punto de vista científico, estaba convencido que el principal atractivo de la idea reencarnacionista era que no se la consideraba como el producto de una revelación, sino por el contrario, como el resultado de una probabilidad científica, que tarde o temprano se convertiría en una magnífica certidumbre. Afirmaba entonces, que la palingenesia estaba de acuerdo con todos los conocimientos científicos vigentes y en un estudio exhaustivo demostró el acuerdo que existía entre esa filosofía y la astronomía, la historia natural, la geología, la paleontología, la anatomía y la fisiología comparada; pero sobre todo con el evolucionismo, que da la clave de una multitud de enigmas de carácter psicológico como las cualidades innatas, el talento y el genio, y las desigualdades paradójicas entre la herencia física y la herencia psíquica; pues esta última, tal vez, exista como consecuencia muy atenuada de la herencia física, pero en rigor de verdad, el carácter y las facultades que el ser trae a su nacimiento, son ante todo, el producto de su propia evolución.

  

Las demostraciones derivadas de la psicología integral, entendida en el amplio concepto de psicología normal, anormal y supranormal lo llevaron a admitir la posibilidad teórica de la reencarnación, que surgía de los trabajos sobre la subconsciencia y la criptomnesia, en los que comprobó que por influencias diversas, como la emoción, la enfermedad o el peligro, algunos recuerdos aparentemente olvidados, reaparecen espontánea y súbitamente.

  

Por otra parte, el hipnotismo, el sonambulismo o la mediumnidad puso en evidencia la existencia de la criptomnesia, y el hecho de que ésta se extienda más allá de la existencia actual es comprensible, lógico y racional, considerando que ese subconsciente tan misterioso y profundo contiene en sí el recuerdo y las adquisiciones de las vidas pasadas.

  

Con toda honradez se refería a la probabilidad de la reencarnación y no a la certeza, porque hasta esa fecha no se había ofrecido una demostración directa y suficiente. Estaba convencido que las experiencias del Coronel Albert de Rochas sobre la regresión de la memoria representaban sólo un inicio para proseguir las investigaciones en ese sentido. Esta posición reencarnacionista quedó expresada en su libro "El ser subconsciente", publicado en 1899.

  

Desde 1912 hasta 1915 realizó importantes experiencias con diversos médiums, en los que aplicaba estrictamente el método científico. Buscó resultados a través de varios sensitivos. Con el conjunto de datos obtenidos deducía una posible respuesta; examinaba todas las teorías ya formuladas sobre ese asunto, las analizaba, aceptándolas o no; escogía las que primasen por la lógica y luego de un segundo examen enfocaba lo ocurrido, sacando conclusiones sobre su procedencia; por último las confrontaba, procuraba mostrar los pro y los contra, y finalmente, sacaba conclusiones.

  

Su alto nivel profesional y su actividad responsable lo hicieron merecedor de la designación como Secretario del Gabinete de la Comisión Sanitaria de Higiene de las Naciones Aliadas, durante la guerra de 1914 a 1918. Fue movilizado a Italia, como Mayor de la Armada y esto le proporcionó la ocasión de conocer al Profesor Santolíquido, jefe de los Servicios Sanitarios de las tropas italianas. Las investigaciones comunes entre ellos les sirvieron de lazo de unión, y cuando se fundó en París el Instituto de Metapsíquica, con Santolíquido en la Presidencia, el Dr. Geley ocupó la Dirección.

  

Desde 1916 a 1918 se dedicó a estudiar a la médium Eva Carrière (Marthe Bèrand) con quien realizó el mayor número de experimentos de su investigación. Su obra "Del inconsciente al consciente" se basa fundamentalmente, en los fenómenos observados en esa sensitiva, con producción de materializaciones diminutas de rostros, manos y cabezas enteras. Al sacar sus conclusiones, se limitaba a decir que lo había visto, tocado, fotografiado y registrado con sus instrumentos, en muchas ocasiones desde su origen a su terminación porque se formaba, se desenvolvía y desaparecía bajo sus ojos.

  

Eva se sometió a todas las exigencias de Geley, en provecho de la ciencia, razón por la cual el eminente científico le dió su agradecimiento público en nombre de todos los investigadores. La médium, desarrollada y educada científicamente por su madre adoptiva Madame Juliette Bisson, aceptó trabajar con Geley durante más de un año en reuniones bisemanales, en su casa o en su laboratorio del Instituto Metapsíquico Internacional de París, donde aproximadamente 150 científicos fueron testigos de los fenómenos que producía.

  

La médium era desvestida y luego cubierta con una bata negra, después de haber sido revisada cuidadosamente por señoras de la confianza de Geley; luego era amarrada a una silla, amordazada y inmovilizada, mientras Geley le aseguraba una mano. En un ambiente suavemente iluminado por una luz roja, se ponía a Eva en estado de hipnosis superficial, con pérdida u olvido de la personalidad ordinaria; tomaba asiento en un gabinete oscuro para sustraerla del efecto de la luz, pero sus manos permanecían fuera de la cortina.

  

Los fenómenos se producían después de un tiempo variable; Eva suspiraba, se quejaba, hacía esfuerzos intermitentes que recordaban el trabajo del parto, llegaban al paroxismo al comenzar y disminuían cuando el fenómeno estaba formado; es decir, cuando se exteriorizaba una sustancia al principio amorfa o polimorfa, que tomaba representaciones diversas, generalmente de órganos más o menos complejos.

  

La sustancia se anunciaba con manchas blanco luminosas de la dimensión de un guisante o mayor, diseminadas sobre la sombra negra de la médium, principalmente del lado izquierdo. Este fenómeno premonitor podía aparecer alrededor de una hora antes, aunque a veces, no se presentaba, y otras, después de aparecer, no había ninguna otra manifestación. La sustancia propiamente dicha se desprendía de todo el cuerpo de la médium, aunque especialmente de los orificios naturales y de las extremidades del cuerpo y de la coronilla. Pero, el que provenía de la boca, en la superficie interna de los carrillos, del velo del paladar y de las encías, era el más fácil de observar. Se presentaba como una pasta maleable, verdadera masa protoplasmática de distintas formas: hilos numerosos y finos, cordones de diverso espesor, rayos estrechos y rígidos, bandas anchas y aplanadas, o membranas de contornos indefinidos e irregulares. La cantidad era sumamente variable, podía ser ínfima o considerable y podía presentarse en tres colores diferentes: blanco, negro o gris; pero el primero era más frecuente, quizás por ser el más fácil de observar.

  

La visibilidad era muy variable y al tacto daba sensaciones diversas: húmeda y fría, blanda y viscosa, y más rara vez, seca y endurecida, lo que dependía de su forma. Se movía lentamente, ascendía, descendía, se paseaba por las espaldas, por el pecho, por los brazos y los muslos de la médium, con movimientos de reptación. A veces, sus evoluciones eran bruscas y rápidas; también aparecía y desaparecía como un relámpago.

  

Su sensibilidad era muy marcada, y se confundía con la de la médium hiperestesiada. Si el contacto era un poco fuerte o prolongado la médium acusaba un dolor comparable con el que produciría un golpe sobre la carne viva. Era sensible a la luz, sobre todo si era fuerte e inesperada y provocaba un estremecimiento doloroso, aunque era difícil distinguir si se trataba de dolor, reflejo o ambos. Tenía una especie de instinto; como el recelo de un animal sin defensa; se replegaba a sí misma como el caracol y tenía tendencia inmediata e irresistible a la organización, por lo que no permanecía mucho tiempo en estado original, y a veces, no daba tiempo a percibir la sustancia primordial.

  

Las representaciones eran muy variadas; podía ser un órgano, un rostro, una mano o un dedo. En los casos más perfectos tenían todas las apariencias y propiedades biológicas de un órgano vivo y en muchos casos se formaban completamente frente a él, desde el principio hasta el final del fenómeno. Tocó la representación de una mano y tuvo la sensación de un miembro totalmente normal; apreciando el hueso y los dedos con sus uñas; para ver luego como se reducía y desaparecía en la extremidad del cordón de sustancia ectoplásmica.

En otra ocasión apareció una cabeza perfectamente formada, a una distancia de 75 cm. de la cabeza de la médium y Geley pudo palpar el cráneo, pero un instante después desapareció.

  

Pudo observar que los órganos materializados no eran inertes, sino biológicamente vivos. Una mano, por ejemplo, tenía capacidad funcional, y Geley, en ocasiones, fue tocado o asido intencionalmente. A veces, parecían planos y luego adquirían volumen.

 

La desaparición era tan curiosa como la aparición; a veces instantánea, otras progresiva, y en este caso se podía observar su retorno a la sustancia original y luego la absorción de la sustancia.

 

La formación de la representación estaba en relación fisiológica y psicológica con la médium y se apreciaba que toda impresión recibida por el ectoplasma repercutía en el sujeto y recíprocamente; todo probaba entonces, que el ectoplasma era la propia médium parcialmente exteriorizada.

 

Geley no realizó el análisis biológico y microscópico de la sustancia por escrúpulo moral; la idea de que la amputación provocaría el dolor, la herida o aún la muerte de la médium lo contuvo. Años después se dieron las condiciones de seguridad y se realizaron estudios que permitieron comprobar que el ectoplasma está formado por elementos normales de los tejidos orgánicos: proteínas, lípidos, leucocitos, etc.

 

Geley concluyó que había una analogía evidente entre la fisiología normal y la supranormal, por lo que era imperativo admitir la existencia de un dinamismo superior organizador y director; y surgió, tal vez por instinto, la nomenclatura adecuada para ser aplicada a los fenómenos de materialización: IDEOPLASTIA, con el significado de modelo material vivo, producido por la idea. De esta forma, la idea deja de ser la consecuencia o un producto de la materia, sino que, al contrario, queda convertida en el agente que moldea, que produce la forma y los atributos de la materia. A la denominación de IDEOPLASTIA se agregó la expresión TELEPLASTIA, para indicar que el fenómeno se produce aún fuera del organismo descentralizado o desmaterializado.

 

En 1918 dictó una conferencia en el Colegio de Francia, que atrajo a numerosos sabios, escritores y filósofos y alcanzó gran resonancia. Por primera vez un sabio francés abordaba ante el público, el problema metapsíquico, haciendo constar los fenómenos, afirmando su legitimidad y no vacilando en defender públicamente, las experiencias de Mme. Bissonn y de la médium Eva, hasta ese momento tan ásperamente atacadas por la prensa. Al mismo tiempo apareció su obra capital "Del inconsciente al consciente", concebida tanto por el pensador como el experimentador y que constituye un documento filosófico de los más apreciados.

 

En 1919, su competencia intelectual, su fama de científico serio y experimentador sagaz, lo convirtieron en el candidato ideal para Director del Instituto Metapsíquico Internacional fundado por Juan Meyer y se trasladó definitivamente a París. Desde esa Institución, aplicó tesoneramente su inteligencia y capacidad de trabajo para investigar la existencia del alma y establecer las leyes que la colocan por encima de las leyes de la materia, así como también, para dar a conocer dentro de los medios científicos la autenticidad de los hechos, mientras ponía en evidencia su identificación con la doctrina de los espíritus codificada por Allan Kardec.

 

Los ataques a su trabajo, ocasionados por la ignorancia o por intereses ajenos a la investigación, no se hicieron esperar. A pesar de la resistencia y de las más bajas calumnias, Geley logró darle un enérgico impulso a las investigaciones metapsíquicas, amparado en su carácter afable y paciente, que reflejaba una calma imperturbable, a sus experiencias metódicas con los mejores médiums y a su empeño en un movimiento renovador de la ciencia de espíritu.

 

En ese mismo año, examinó exhaustivamente al médium polaco Franek Kluski, profesional liberal y poseedor de una vasta cultura integral que demostraba en sus actividades como escritor, poeta y políglota, y que con el mayor desinterés, se puso a la disposición del Instituto Metapsíquico Internacional bajo las órdenes de Geley; después de haberse sometido a las investigaciones en la Sociedad de Estudios Psíquicos de Varsovia, con la que Geley estaba vinculado.

 

En Kluski los fenómenos se habían presentado desde la infancia y aceptados con naturalidad, aunque desde los 20 a los 45 años, absorbido por sus ocupaciones y compromisos de familia, no les había prestado atención; por lo que Geley interpretó que sus facultades parecían hereditarias, puesto que la mediumnidad espontánea había sido observada frecuentemente en miembros de una misma familia.

 

En todos los trabajos con el médium y con la colaboración del Prof. Charles Richet, utilizó escrupulosamente el método analítico, cronológico y sintético, organizó las sesiones de manera similar a las realizadas con Eva y se aseguró de descartar cualquier error o fraude.

 

En este caso el sensitivo presentaba escasas manifestaciones sensoriales; no necesitaba ser hipnotizado para dar inicio al trance; lo conseguía espontáneamente, aunque nunca quedaba totalmente inconsciente; volvía en sí al aumentar la luz bruscamente y sentía un cansancio tan intenso, que lo obligaba a permanecer acostado e inmóvil, para recuperarse de su agotamiento; sufría palpitaciones, sed intensa, a veces vómitos de sangre y casi siempre insomnio, después de las experiencias.

 

En su caso, la sustancia se desprendía en forma de gas o vapor, con un olor a ozono al inicio del trance; luego, una neblina o vapor fosforescente flotaba en torno del médium, y cuando la materialización se completaba, se veían rostros y manos perfectamente formados y frecuentemente luminosos, que desaparecían tan súbitamente como habían aparecido.

 

Estas manifestaciones pudieron ser apreciadas visual y táctilmente, no sólo por Geley y Richet, sino por Camile Flammarion, su esposa y la señora de Geley, quienes ocasionalmente concurrían a las sesiones, y con sorpresa percibieron el contacto de las manos cálidas y vivas, mientras los rozaban ligeramente. Durante estas experimentaciones se obtuvieron además, múltiples pruebas objetivas por el procedimiento de los moldeados de parafina.

 

Un año después, Geley fundó el Boletín del "Instituto Metapsíquico Internacional" luego convertido en "Revista Metapsíquica", donde se publicaron los artículos de eminentes estudiosos como Ernesto Bozzano, Gabriel Delanné y Charles Richet entre otros.

 

Este último científico, galardonado con el premio Nóbel de Medicina, colaboró en sus investigaciones durante años, lo que le permitió tener un conocimiento amplio de su personalidad y emitir su juicio ecuánime: "Competencia absoluta en todos los dominios objetivos y subjetivos de la Metapsíquica, conocimiento profundo de las condiciones psico-fisiológicas y médicas de la mediumnidad, cortesía elegante, capacidad incomparable para el trabajo. Geley poseía todas las cualidades exigidas y además las rebasaba. Tenía sobre todo, el ardor, el entusiasmo, la convicción en la ciencia, la pasión de la investigación científica. Y, aunque su sagacidad y su perseverancia fuesen grandes, las considero menores que su celo admirable. Fue gracias a este celo ardiente que él pudo, durante 6 años, asumir la dirección real del movimiento metapsíquico, no sólo en Francia, sino en el mundo entero".

 

Entre 1921 y 1923 Geley estudió las facultades del ingeniero polaco Stephan Ossowiecki, médium, clarividente y productor de efectos de telekinesia; mientras simultáneamente, trabajaba en sesiones con el médium Jean Guzik, también polaco, con quien pudo presenciar raros fenómenos de ectoplasma en formas de animales y sorprenderse con el contacto de la cola de un cachorro salido de los vestidos del médium o con otras formas de animales que exhalaban olor. Todos estos fenómenos quedaron plasmados en centenares de moldes de parafina, sorprendentes por su perfección, examinadas por perplejos peritos, quienes no encontraron la explicación a la ausencia de las costuras necesarias para su elaboración.

 

Esto dio lugar a la famosa "manifestación de los 34", así llamada la participación de las más altas personalidades francesas y extranjeras de la ciencia, de la medicina, la literatura y la policía científica, en la comprobación de los fenómenos obtenidos con Jean Guzik, amparada en extremas e irreprochables condiciones de control.

 

Geley no se satisfacía con poco y era muy exigente con su trabajo. Experimentó también con la fotografía y las apariciones. Se interesó en la transmisión del fluido magnético, al que llamó momificador cuando observó la alteración o destrucción de algunos parásitos microscópicos por la acción fluídica; lo que lo llevó a concluir que la energía del médium era indirectamente microbicida, pues producía ese efecto gracias al refuerzo que provocaba en los tejidos. Estas conclusiones le permitieron relacionar el fenómeno con la metapsíquica curativa, luego ampliamente difundida en el Espiritismo experimental. Así mismo, se interesó en el estudio de la clarividencia y de las comunicaciones mediúmnicas cruzadas que habían comenzado a investigarse en la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres (SPR).

 

El pretendido fracaso del médium Guzik en la Sorbona fue la señal de una campaña contra la Metapsíquica, y todo elemento se reputó bueno para alimentar la arremetida de injurias y calumnias. No importaba si se trataba de chismes estúpidos, falsificación de hechos, mentiras y testimonios falsos; todo servía para que la prensa y el público le dieran acogida.

 

Entre los más belicosos adversarios, estaba Paul Heuzé quien, insertó en "L'Opinion" una serie de crónicas difamatorias que causaron la satisfacción de algunos interesados, sobre todo de los dogmáticos.

 

Durante los Congresos Metapsíquicos efectuados en Copenhague, en 1921, y en Varsovia, en 1923, Geley tuvo una actuación muy destacada, convertido ya en una figura de renombre internacional, merecedora de respeto como científico de gran credibilidad.

 

Todo este trabajo quedó documentado en muchos escritos y entre sus obras fundamentales se pueden mencionar: "Ensayo de la revisión general y de la interpretación sintética del Espiritismo" (1897), "El ser inconsciente" (1899), "Monismo idealista y palingenesia" (1912), "Las correspondencias cruzadas" (1914), "La fisiología llamada supranormal y los fenómenos de ideoplastia" (1918), "Del inconsciente al consciente" (1919), "La ectoplasmia y la clarividencia" (1924).

 

Luego de tan intensa investigación formuló teorías para la estructura de la materia y estudió la psicología humana integral, según su propia denominación, refiriéndose a la psicología normal, anormal y supranormal o paranormal. Estudió el mediumnismo utilizando todos los medios científicos a su alcance, y tratándose de un idealista, fue un defensor del hombre como manifestación espiritual.

 

Identificado con la doctrina de los Espíritus codificada por Allan Kardec, vivió en el marco de su concepción ética, y su fe absoluta estuvo constantemente al servicio del razonamiento, que según René Sudré era "rápido como una flecha" y preciso a toda prueba. Logró pleno y justificado éxito en sus investigaciones, proponiendo nuevas concepciones científicas de la vida en su más amplio significado, afirmando: "Sobre la claridad de esas nociones tan simples: la palingenesia, la sobrevivencia, la comunicación de los espíritus, etc., todas las oscuridades de la Psicología normal y anormal, desaparecen".

 

Su concepto sobre las consecuencias morales y sociales aportadas por la filosofía de la palingenesia, nos permite conocer íntimamente a Gustavo Geley. En el siguiente párrafo está resumida toda la idea de este investigador y filósofo con respecto a la vida del hombre y a la armonía universal.

 

"Esas consecuencias se resumen en algunas prescripciones:

 

Trabajar, amar cada uno a su prójimo, auxiliarse mutuamente, rechazar todos los sentimientos bajos e inferiores tales como el egoísmo y sobre todo el odio y el espíritu de venganza.

 

Evitar todo lo que a otro pueda perjudicar. No despreciar a nadie; no ver a los imbéciles, los inicuos y los criminales como seres inferiores; ser por consiguiente, profundamente indulgente con las faltas de los otros, y en la medida de lo posible, abstenerse de juzgar.

 

En fin, extender nuestra piedad y nuestra ayuda hasta los animales, a los cuales les evitaremos el sufrimiento lo más posible, y a los que apenas en caso extremo, daremos muerte.

 

Cuando los hombres comprendan la infinita evolución, sabrán conciliar los principios de la libertad individual y de la solidaridad social. Comprenderán que tienen el derecho del libre desenvolvimiento, pero que serán rigurosamente solidarios, en ese libre desenvolvimiento, no sólo con sus semejantes, sino con todo lo que piensa, con todo lo que vive, con todo lo que existe.

 

Las quimeras de hoy serán las espléndidas realidades de mañana."

 

Todos se vieron obligados a reconocer su honestidad cuando, sorprendiendo al médium Erto en el momento de falsificar sus producciones luminosas, Geley no vaciló en hacerlo público en la Revista Metapsíquica en su edición de mayo-junio de 1924, y terminar con un consejo para los experimentadores, a propósito del control indispensable sobre los médiums.

 

Esta advertencia iba a ser la última, pues el 14 de julio de 1924, mientras Francia celebraba su fiesta nacional, llegó a París una triste noticia: el Dr. Gustave Geley, respetado Director del Instituto de Metapsíquica Internacional acabada de fallecer en un accidente aéreo en Varsovia.

 

Hacía 3 semanas que había viajado a Praga con el objeto de dictar un ciclo de conferencias, y más tarde a Varsovia, para hacer nuevos experimentos con los sensitivos polacos y obtener nuevos moldes de parafina. Ese día de fiesta, también festejado por los polacos, las actividades en el aeropuerto estaban reducidas y no conseguía un piloto dispuesto a realizar el vuelo.

 

Después de varias negativas, encontró a George Clément quien consintió en hacer el viaje. Geley saludó a los amigos y compañeros de trabajo que lo despedían, la hélice del avión arrancó y un minuto después remontaba el vuelo. Apenas el avión había alcanzado altura, todavía en Varsovia, el aparato capoteó y cayó pesadamente en un campo sembrado de papas. El ruido de la caída atrajo a los campesinos de los alrededores; pero al llegar comprobaron que el pasajero y su piloto habían perdido la vida. El hecho produjo tremenda consternación, no obstante algunos aprovecharon el desconcierto para apoderarse del reloj y de la billetera del Dr. Geley. Por otra parte, como era de esperar los moldes de parafina quedaron pulverizados.

 

Quedaban su viuda y dos hijas, una de las cuales había contraído matrimonio hacía unos meses. Las honras fúnebres se celebraron el 21 de julio en la Catedral de Varsovia y los restos fueron inhumados en Francia en el panteón de la familia.

 

Su amigo Gaston Bourniquel en su artículo In memoriam despidió a Gustave Geley con estas palabras: "La muerte brutal ha sorprendido a nuestro amigo en el campo del honor, pudiéramos decir en plena acción, en su puesto de trabajo. Jamás una vida fue tan fecunda y tan dignamente aprovechada. Que ella nos sostenga, que ella nos sirva de ejemplo, y que cada uno de nosotros pueda decir como él: Cumplí mi deber; realicé mi obra con ardor y sin resabios de amargura; mi tarea ha terminado. ¡Qué mis sucesores la continúen!

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