ADOLFO BEZERRA DE MENEZEZ

Adolfo Bezerra de Menezes nació en Riacho do Sangue, Ceará, Brasil, el 29 de agosto de 1831 y desencarnó en Río de Janeiro, el día 11 de abril de 1900.

 

Fue hombre ilustre, sirviendo a su patria a través de funciones relevantes, inclusive en la política, revelándose como verdadero Apóstol mediante el santo ejercicio de la medicina, conquistando, por esto, el reconocido y cariñoso apodo de "médico de los pobres".

 

Se puede dimensionar la grandeza de su alma, a través del siguiente episodio, entre los muchos del que fue noble protagonista:

 

"En cierta ocasión entró en su consultorio una pobre mujer con el hijo enfermo en los brazos. Bezerra auscultó al pequeño, lo examinó bien y recetó, diciendo:

 

- Vuelva a su casa, hija mía, y de al niño estos remedios, de hora en hora. Cómprelos en la farmacia...

 

- ¿Comprar? ¿Con qué doctor? No tengo ni pan para dar a mi hijo... - dijo ella, llorando.

 

Sintiendo toda aquella angustia materna, él respondió, dulcemente:

 

- No se aflija, hija mía. Voy a ayudarla. Nosotros estamos en el mundo para sufrir con nuestros hermanos de sus mismos dolores...

 

Pero, el médico no tenía una moneda en los bolsillos. Todo su dinero ¡tan poco!, había sido dado a un cliente anterior. Observó a su alrededor. Nada había que pudiese servir. La pobre mujer lloraba. De repente, surgió una esperanza, ¡verde esperanza!, brillando en su anillo de médico. Lo retiró, en una actitud de total desprendimiento y caridad, diciendo:

 

- "¡Tome, hija mía! lleve esto para su casa. Podrá comprar leche, remedios y algunas cosas más para su hijito..."

 

Poseedor de gran inteligencia, desde los quince años hablaba fluidamente el latín que enseñaba a sus condiscípulos, ayudando a su profesor. Escritor emérito, no solamente se destacó en obras de excelente calidad, sino, también en la vida pública, como romancista político y filósofo. Su bibliografía Espírita relevante y consoladora, sensibilizó a la opinión pública, por muchos años, a través de una columna permanente en el periódico O País, en Río de Janeiro, bajo el seudónimo de Max.

 

Ejerció la Presidencia de la Federación Espírita Brasileña, a los sesenta y cuatro años de edad (donde también fue Vicepresidente), en cuya función desencarnó, dejando inconsolables a los pobres y sufrientes, aquellos que sus abnegadas manos confortaban y socorrían.

 

Tomado de: Hacia las Estrellas

 

 

 

 

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